Nuestra discusión nos ha llevado varias veces a argumentar que muchas de las diferencias en resultados observados en los temas que nos interesan en enjambre se pueden rastrear a componentes idiosincráticas propias de nuestra sociedad. Es decir, las diferencias culturales son centrales en los distintos escenarios observados a nivel mundial en cuanto a educación. innovación y creatividad. Es recurrente observar que las culturas “exitosas” en estos temas son por ejemplo culturas que fomentan la lectura, que premian el trabajo y promueven el emprendimiento. Sin embargo, hay un tema que me ha tenido pensando este último tiempo y que tiene que ver con la valoración (o des-valoración, si se quiere) que las diferentes culturas dan al fracaso. Pero antes que eso, creo que es prudente definir a qué me refiero cuando hablo de fracaso.
Por fracaso entiendo la no consecución de un objetivo planteado a priori. Por ejemplo, entiendo el fracaso comercial como la no consecución del objetivo de crear y mantener una empresa rentable: la empresa quiebra (excluyo actos dolosos que por su naturaleza implican que alguien tenía un objetivo distinto en mente). Un niño puede fracasar en pasar de curso, una política de gobierno puede fracasar en su aplicación si no cumple su objetivo original. ¿Qué tiene que ver esto con el emprendimiento, la innovación y la creatividad? Desde mi punto de vista, mucho, puesto que los tres conceptos son juegos de fracaso. Un innovador exitoso se va a parar en los hombros de un grupo mucho mayor de innovadores que fracasaron en su objetivo. Un startup exitoso existe al lado de muchisimos más que fracasaron. Gracias a los ilustrativos posts de Evan hemos aprendido cómo funciona el mercado de venture capital, y de cómo se busca el “next home run”. Bueno, esos home run va de la mano de innumerables bateos que ni siquiera llegaron a primera base.
Sin haber estudiado lo suficiente el tema como para decir algo concluyente, creo que una diferencia entre sociedades en torno al tema del fracaso tiene que ver con el juicio moral que a este se le atacha. Si el fracaso es algo malo per se, quien fracasa queda con el estigma de haber vivido una experiencia condenable, aún cuando muchas veces no sea directamente responsable de ello. Por otro lado, si el fracaso es simplemente una experiencia equivalente al éxito, sin una real superioridad en una escala valórica, quien fracasa puede ser visto como alguien experimentado. Me parece haber una conexión lógica directa entre la valoración al fracaso y la existencia de heterogeneidad en el capital cultural asociado al emprendimiento y la innovación. Conjeturo que una cultura que valora la experiencia de haber fracasado debiese tender a ser menos aversa al riesgo y más creativa y emprendedora. Por el contrario, una cultura que hunde al fracasado y lo rodea de un estigma negativo debiese tender a sociedades que hagan pensar dos veces a quienes se atrevan a ser diferentes.
Esta observación es evidentemente normativa: me refiero a como debiese ser, pero la verdad es que no sé cómo es la relación entre la valoración al fracaso y la aversión al riesgo. El principal problema es cómo medir la valoración al fracaso, problema que intuyo debe ser bastante dificil de resolver. Sin embargo, hay evidencia, aunque sea casual, de que los países más innovadores tienden a ser aquellos en que la valoración al fracaso es menor. Pero aunque no sea así, creo que el estigma asociado al fracaso es algo que le hace más mal que bien a una sociedad. Todos vivimos aterrados de descubrir que por alguna razón u otra no fuimos capaces de cumplir con lo que prometimos. Intuyo que en la medida que seamos capaces de aprender y construir sobre el fracaso, a aceptarlo y desmitificarlo y a tomarlo con sabiduría y humor, tenderemos a ser no solamente más creativos e innovadores, sino que en últimos términos, más felices.



5 comentarios »
1 Hugo // Ene 11, 2008 a las 14:21
¡Excelente post Andrés! Creo que el que había fracaso en Chile era mirado en forma lastimera por sus pares y cargaba con un estima entre los empleadores.
Creo que actualmente se valora más el fracaso, dependiendo de la forma en que se fracasó por supuesto, tanto que incluso puede llegar a ser bien visto alguien que aunque fracasó, logró destacar en la gestión u otro ámbito del empredimiento.
Casos como el de Bazuca, que aunque fracasó como emprendimiento, los ejecutivo que salieron de allí son altamente respetados por sus pares.
Creo que es recién una tendencia, pero con los años seguramente se valorará más la experiencia aprendida de un fracaso como un activo dentro de la persona.
2 Rodrigo Frías // Ene 12, 2008 a las 15:17
Hola Andrés. Primera vez que dejo un post en enjambre.
Me parece muy interesante lo que postulas, porque son pocos los que observan el fracaso como un aprendizaje o parte de éste ante una cultura que necesita innovar.
Algunos eruditos del Management dicen; “si vas a fracasar, hazlo, pero que sea rápido”. En otros países (EE.UU.) postulan que “si no fracasas antes de los 30, es muy probable que no seas exitoso”.
El fracaso es parte del proceso creativo, del tener miles de ideas y no bloquearlas por miedos. Ahora no todo -para mi- radica en fracasar, también hay que tener pasión por una idea, un proyecto, un sueño, por una forma de querer dejar un sello.
Es más fácil moverse del fracaso al éxito, que de la excusa al éxito.
Ahora ¿cómo recorremos el camino de una idea al éxito sin tener miedo al fracaso? Gran parte de esta respuesta está en la educación.
¿Quién nos dice que hemos fracasado? ¿por qué un alumno va a ser un “patán” por tener notas bajo el promedio del curso? Se bloquea todo culturalmente, y por lo tanto no hay ganas -menos pasión- por querer innovar o pensar creativamente. Se extingue el hambre por aprender.
Que distinto sería ver más ramos de: desarrollo, emprendimiento, trabajo en equipo en la educación. Porque el talento no es suficiente.
Saludos,
3 Andrés Liberman // Ene 13, 2008 a las 12:29
Gracias por sus comentarios. No conozco lo suficiente para decir que hay una tendencia cambiante en cuanto a la valoración del fracaso, Hugo. Creo que pueden haber dos fuerzas jugando en contra. Una es la cultura del exitismo que puede tender a agrandar aún más el estigma negativo del fracaso. La otra es la gradual transición hacia sociedades y estilos de vida basados en la valoración de la diversidad y de la creatividad, lo que debiese tender a aceptar y acoger la experiencia del fracaso. No sé cuál dominará, pero como muestras, el caso Bazuca parece mostrar que hay algo de lo segundo.
En cuanto a lo que postulas de que la valoración del fracaso es sólo parte del proceso, estoy totalmente de acuerdo contigo Rodrigo. Pero es una condición impuesta exógenamente por la sociedad, al contrario de la pasión y las buenas ideas. Lo pongo en el mismo nivel del acceso al financiamiento. Por eso, si nos damos cuenta de que al final esto actúa como una restricción a la innovación, podemos promover acciones para corregirlo.
Saludos!
AL
4 Diego Uribe // Ene 13, 2008 a las 12:49
Hola Andrés,
En mi opinión se trat de un cambio de paradigma:
Desde el paradigma de la prueba y error al paradigma de la prueba y aprendizaje.
Pero ojo, que al ser un paradigma se requiere de que un número no menor de la sociedad haga este cambio, es decir es un cambio sistémico.
A modo de ejemplo no saco nada con adoptar dicha postura si es que en el minuto que fracaso en un emprendimiento de negocios, significa que mi hiostorial queda manchado en la base de datos de los analista s de riesgo de los diversos bancos comerciales locales…
Salu2,
Diego
5 Cristian Vasquez // Ene 20, 2008 a las 14:49
Que interesante post!
Fracasar te templa y te permite palpar en forma sensible la otra cara de la moneda. Yo pienso que es imprescindible experimentar el fracaso para poder disfrutar todo lo demas.
En chile creo que se valora el fracaso, pero solo en el ambito de relaciones de pareja
saludos
cristian
Dejar un comentario »