Últimos artículos escritos por manuel tironi en este sitio

Hace unas semanas, conversando con Nico
Orellana (fundador de Orelworks y de Webprendedor) me enteré de un hecho
sencillamente surrealista: Nico fue expulsado de la Universidad Adolfo Ibáñez
por querer congelar su carrera de ingeniería civil y así explorar las
posibilidades abiertas por su compañía web recién en funcionamiento. (Leer más)

(Columna originalmente publicada en La Tercera, domingo 22 de junio 2008)
No cabe duda que Santiago es una ciudad segregada. Las oportunidades, infraestructuras y condiciones de vida que entrega la urbe no están equitativamente distribuidas por su geografía. Vitacura y La Pintana podrían, perfectamente, ser dos ciudades separadas, una premium y global, la otra empobrecida y del tercer mundo.
Para los grupos más acomodados este aislamiento puede ser inocuo, incluso deseado, pero la separación social y espacial tiene nefastas consecuencias en las capas menos favorecidas. Un estudio realizado por la UC muestra que la segregación residencial en nuestra capital está correlacionada al desempleo, la inacción juvenil y el embarazo adolescente. Otro, realizado por esta misma casa de estudios, señala que, en exactamente las mismas condiciones, un habitante de vivienda social tiene significativamente más probabilidades de encontrar empleo si su conjunto se ubica en una zona de altos ingresos (Las Condes) que si lo hace en una de su misma condición socioeconómica (Puente Alto). En otras palabras, los atributos urbanos de los barrios (homogeneidad social, lejanía, aislamiento) no son indiferentes, y menos para lo más pobres de la ciudad. El lugar de la pobreza, en definitiva, importa.
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El otro día, almorzando con algunos compañeros de oficina, salió el tema más álgido de la temporada: la crisis energética y las represas. En este tipo de temas, o estás a favor o estás en contra, así que rápidamente se armaron dos equipos. El bando contra las represas estaba liderado por quien escribe, obviamente. Debo decir que hacia el postre era bastante evidente que la postura que defendía (contra las represas) se había impuesto contundentemente desde todo punto de vista. No me interesa ir al detalle del debate, sino que resaltar el último argumento-estocada que intentó darme mi contrincante (llamémosle A) cuando vio que su posición no se sostenía. A: ¡Ya, tienes razón, lo reconozco¡ Pero mira, acá el tema es finalmente político; el tema es quién se va a atrever a hacer todo eso, quién se va a tirar contra las hidroeléctricas [oponiéndose a su negocio] y quién se va a atrever a tirarse a los consumidores encima [tomando medidas drásticas contra el consumo] … acá el problema es quién liderará un vuelco como el que propones. (Leer más)
¿Qué tiene que ver el tema mapuche, tan candente hoy en día, con la innovación? Si aplicamos la visión convencional, nada. El movimiento mapuche más activo –la CAM por ejemplo- son unos cuantos campesinos y un par de universitarios. Sí, es cierto, también hay involucradas una serie de redes internacionales que arman una fascinante arquitectura rizomática local-global, pero ese es otro tema sobre el cual ya escribiré. El punto es que el movimiento mapuche son un puñado de tipos que no han inventado ninguna aplicación tecnológica, no están incubando ningún negocio, no están haciendo investigación científica de avanzada, no están patentando descubrimientos ni mejorando sistemas industriales ni diseñando nuevos prototipos, softwares, objetos, gadgets o lo que sea. Pero en mi opinión, el reinvindicacionismo mapuche está haciendo algo mucho más potente que todo lo anterior, algo que de verdad puede propulsar la innovación: está complejizando la visión de nosotros mismo, de nuestra historia, educación y costumbres; están, en suma, cuestionando nuestra identidad como país y como cultura, y eso sí que es algo fundamental para la creación y expansión de la innovación. (Leer más)

Las industrias culturales (ICs) son un nicho complicado. Más aun si hablamos de ICs en países en desarrollo. Y peor si lo hacemos de ICs en mercados pequeños de países en desarrollo, o sea en Chile. Por eso es realmente impresionante que en Chile la industria de los netlabels (sellos on-line de distribución gratuita) no sólo esté creciendo, sino que entregue productos de tan alta calidad como Pueblo Nuevo, música chilena de raíz electrónica, o música electrónica de raíz chilena.
Pero antes de entrar en los natlabel chilenos y en Pueblo Nuevo, algunos antecedentes sobre las ICs.
- Las ICs están conformadas por el cine, la televisión, la música, la industria editorial, las artes y los video juegos, y son parte de las llamadas ?industrias creativas', categoría más amplia que incluye al diseño, la arquitectura, la publicidad, el turismo cultural, la moda, etc.
- Las ICs -sobre todo aquellas dedicadas a nichos de frontera- dependen fuertemente de las economías de escala, y esto tanto para la demanda como para la oferta. Por el lado de la demanda el tema es bien conocido: las ICs, sobre todo aquellas dedicadas a la producción de vanguardia, precisan para sobrevivir de un mercado lo suficientemente grande en cifras absolutas como para que el consumo cultural logre, al menos, pagar los costos de los agentes que lo producen. Eso de "ampliar el mercado" (La Ley/Pánico instalándose en México/París) responde en parte a esto.
- Pero la instalación de Pánico en París también responde a que las economías de escala son claves para las ICs desde la perspectiva de la oferta (y aquí ya entramos en lo que se llaman las economías de urbanización). Para una industria cultural, estar localizada en un lugar donde hayan varias (ojala muchas) industrias culturales es muy beneficioso. Esto no sólo porque de la co-localización nace la competencia y la colaboración y la imitación y los circuítos virtuosos, sino también por la estructura winner-gets-all de las ICs. Pongamos un ejemplo. En una industria tradicional (digamos fabricación de refrigeradores), cuando después de años de intentos/errores alguien le da en el clavo (digamos incorporar el freezer), toda la industria sale ganando, no sólo la empresa pionera: el beneficio de la innovación se distribuye. Pero no es así con las ICs. Se requiere que en un momento y en un lugar dado haya cientos de artistas trabajando y colaborando y compitiendo para que de todos ellos, de todos esos esfuerzos, éxitos y fracasos, salga un y sólo un Warhol y se lo lleve todo: sin la efervescencia e intensidad creativa de Nueva York de los 60s Warhol nunca hubiese existido, pero ninguno de su congéneres, por más que su trabajo hubiese sido extremadamente similar al de él o que haya contribuido inspirando su obra, pudo participar de su éxito, o al menos al modo en que todos los fabricantes de refris participaron del éxito del freezer.
Todo lo anterior hace pensar que Chile es un mercado extremadamente poco atractivo para las ICs: el mercado es chico, hay poco consumo cultural y por lo tanto no existe la masa crítica necesaria para que salgan innovaciones ?que la rompan', y menos en un sector como el discográfico que pierde el 17% de sus ventas al año. Pero los netlabels, lejos de reducirse, siguen creciendo en Chile. Hay varios de ellos que son dignos de celebrar (ya escribí en Enjambre algo sobre Jacobino Discos), pero en este post quiero dedicarlo a uno de los sellos más creativos, serios y prolíficos de la escena electrónica-experimental: Pueblo Nuevo.
Pueblo Nuevo (PN) nace hace 3 años de la iniciativa de Daniel Jeff y Mika Martini. A la fecha PN ha producido cerca de 25 trabajos, casi todos descargables gratuitamente. El cuidado en cada producción, desde el arte de las carátulas hasta la organización de la tocata de lanzamiento, es total. O sea no estamos ante unos tipos que suben los mp3s de los amigos, sino ante un verdadero sello discográfico.
La variedad de su catálogo de PN no es menor. Su comunidad la componen proyectos experimentales y algunos derechamente doctos (como el trabajo de Federico Schumacher, la compilación sobre música electroacústica chilena o las exploraciones etnomusicales de José Perez de Arce) pero también realizaciones más orientadas al dancefloor. Como el mismo Mika me decía, la única condición es que el trabajo sea de calidad y que se vea un compromiso detrás del autor. A PN le llegan entre 4 y 6 trabajos al mes (aceptan generalmente a uno) y en promedio sus discos son bajados mil veces al mes.
Es notable también la organización de PN. Su página web funciona, se actualiza constantemente y es de calidad. Al menos dos veces al mes PN gestiona tocatas y eventos, que van desde (Leer más)
 El excelente post de Evan me dejó pensando en varias cosas. Una de ellas -la que quiero compartir acá- es una hipótesis descabellada, una idea peregrina sin mucho asidero técnico pero que, de alguna manera, sintoniza con lo que he venido pregonando en estos últimos posts (a saber, la necesidad de anclar la innovación, en nuestro país, en un sustrato que nos haga sentido y que capture nuestra forma única e irrepetible de innovar: que capture nuestro excepcionalismo). Pongo esta idea en forma de pregunta: ¿y qué pasaría si nos olvidamos de Silicon Valley y de Cisco y de HP y de la industria de la alta tecnología y de sus venture capitals? Lo que quiero decir es lo siguiente: para Silicon Valley Sudamérica no existe, no nos conocen y, ergo, no confían en nosotros. Entendible y preocupante. Es urgente, como dice Evan, cambiar esta percepción. Y comparto con él que hay acciones rápidas y fáciles que pueden ser tomadas para detonar este cambio (como, por de pronto, invitar a los VCs a que vengan a Chile y conozcan sus bondades). Pero creo que ante esta situación también sería saludable pensar en un Plan B, un plan en el cual no todos nuestros huevos estén colocados en la canasta de la tecnología, una canasta en la cual, por lo demás, no tenemos ninguna ventaja competitiva. O sea la pregunta es la siguiente: ¿hay otras maneras de ser 'innovador' y de capitalizar la innovación para el desarrollo del país que no pasen necesariamente por la industria tecnológica? ¿Hay otras posibilidades de negocios fuera del mundo hi-tech? ¿Hay vida fuera del Silicon Valley? Mi respuesta intuitiva es sí, de todas maneras, absolutamente, totally. Es más, tengo la impresión que seria un error basar nuestra estrategia de innovación en la industria tecnológica. Mi sensación -y disculpen por este determinismo cultural- es que ese no es el campo que más nos acomoda: la industria de la tecnología y los VCs están mejor sintonizados con un tipo económico-cultural más agresivo, rápido y, de alguna manera, corto-placista (no por nada esta industria pivota sobre USA, paradigma de este modelo). Cuando pienso en innovación en Chile se me vienen a la cabeza un montón de casos de alta creatividad y con un potencial de crecimiento e internacionalización tremendo, pero ninguno en el ámbito de la tecnología pura y dura. Por ejemplo pienso en: - Pedro Ibañez y sus hoteles Explora y, en general, el boom del turismo boutique que está creciendo tremendamente en Chile y que debería seguir haciéndolo (por eso NO a la represa en la Patagonia!).
- Los salmoneros, que si bien van a tener que hacerse cargo de la cochinada que están dejando en las aguas de Coyahique y Aysén, merecen mi respeto por lo que han logrado.
- La industria de la palta: ojo que está proyectado que Chile supere a México en pocos años como primer productor mundial.
- Los científicos, desde la investigación basica del CECS de Bunster hasta las exploraciones aplicadas en biotecnología de Valenzuela.
- La industria vitivinícola que ha hecho maravillas y que, a mi parecer, aún tiene mucho que hacer, sobre todo en lo que respecta a potenciar y marketinear sus terroires, o sea a vincular la industría vitivinícola con el turismo y el city/region marketing.
- La educación superior chilena: la P. Universidad Católica puede perfectamente aspirar a ser la mejor universidad latinoamercana (y la U. de Chile también si se somete a una re-ingeniería).
- El offshoring de servicios terciarios avanzados, o sea el offshoring de capital humano e inteligencia profesional aplicada en el campo de las finanzas, la economía, la arquitectura y el public management.
No se trata de un either/or: Chile tiene que ser capaz de ganarse la confianza de los VCs y potenciar su industria tecnológica: es una necesidad y una obligación si Chile quiere dar un salto cualitativo en su capacidad innovadora. Pero sería un error clausurarse en ese nicho: hay creatividad y oportunidades de negocios en otras áreas -áreas en las que, probablemente, podemos sacarle más punta a nuestra identidad y cultura. Muy feliz NAVIDAD! Desde Quintay, m (Leer más)
Entrevista a Rodrigo Salinas, artista y dibujante de comic (31 Minutos, Canal 76, Arturo Prat is Not Dead, La Isla del No, Experimento Wayápolis, etc.) y editor de la Nueva Gráfica Chilena, The Clinic, novienbre 2007, No 11, año 9. ...La otra vez hablaba con un amigo sobre Chile y me daba risa: nosotros no tenemos dinosaurios, tenemos un milodón, ¡ese es nuestro dinosaurio! Pero Argentina sí tenía tiranosaurios rex, de la pampa ¡bien taquillas! Y los gringos tenían todos los tiranosaurios del mundo, pero aquí teníamos un milodón, que es como un oso grande que come eucaliptus, una huevá súper inofensiva que no tenía ni uñas. Esa cuestión habla mucho de un país. Pero me gusta mucho cómo Chile trata de lograr hacer cosas. ¿Por ejemplo? Trata de llegar al socialismo vía elecciones y derroca a un dictador vía elecciones... no llegamos a la cumbre del Everest por la ruta lógica, sino por una ruta chilena que es la más difícil de escalar, habiendo otro camino que está todo el día lleno de sherpas que te suben las mochilas y te toman fotos. O sea, si tenís las lucas, estai arriba altiro. Pero no. Chile toma otro camino. "Chile toma otro camino". Buenísimo.
 El post de Evan sobre la correlación entre juventud y capital de riesgo, y el de Valdivia sobre Godin me dejaron pensando sobre un tema a mi juicio medular: hasta qué punto hemos hecho nuestra una definición de innovación que, lejos de ser universal, es la forma específica que ésta ha adoptado en un contexto económico y cultural particular, a saber, Estados Unidos. El tema me daba (da) vueltas por la cabeza, pero lo encontraba un poco denso para tirarlo en Enjambre. Hasta hoy. Lo que me hizo cambiar de opinión fue una entrevista al ministro Ferreiro que aparece en la Tercera. Pero partamos en orden. Como ya lo he dicho en otro lugar, la innovación -cómo se define y moviliza- depende de las arquitecturas y las culturas económicas que la soportan, las que son muy distintas en diferentes lugares. Susan Christopherson, por ejemplo, ha estudiado largamente los modelos laborales y político-económicos de Estados Unidos y Alemania. Su conclusión es precisamente que la juventud, la autonomía personal y la rapidez -" the faster and more insightfully, the better" en palabras de Godin - son elementos propios del excepcionalismo norteamericano, a su vez basado en el self-made man, el pionero y el individualismo (ver también a Alesina y Glaeser 2006). Alemania está en las antípodas. Siguiendo la tradición medieval de las guildas, la agregación de valor es de largo aliento y se hace sobre la base de una visión colectiva y del trabajo cuasi-artesanal de trabajadores hiper-especializados (Christopherson 2003). En un modelo está la figura del CEO recién egresado, brillante, agresivo y veloz que logra ganancias al dar la estocada en el milisegundo preciso (" the faster and more insightfully, the better"); en el otro una empresa que lleva siglos produciendo componente industriales de alta sofisticación (p.ej. Bosch-GmbH) y que incrementa su valor agregado de modo incremental, formando capital humano y protegiendo valores culturales compartidos (famoso fue el rechazo en bloque -y por razones éticas- de los banqueros alemanes a la llegada de WalMart). Pero no me interesa debatir sobre el modelo norteamericano, sino reflexionar sobre qué nos queda a nosotros, acá en Latinoamérica, acá en Chile. ¿Existe una ?vía chilena' a la innovación? No lo sé, pero de lo que estoy seguro es que debemos ser más críticos y no asumir como propios modelos que no son universales, por muy atractivos y hegemónicos que éstos sean. Y me atrevo a decir más: parafraseando a Chakrabarty (2000), creo que es fundamental que ?provincializemos' nuestra innovación, que la hagamos nuestra y con orgullo, que la acerquemos a nuestra identidad. Creo, de hecho, que ese debería ser la gran meta en términos de innovación de cara al Bicentenario: encontrar una fórmula a través de la cual al hablar de innovación - issue clave para el desarrollo chileno futuro- lo hagamos para hablar de algo que nos identifique, que nos aglutine y que esté imbuido en nuestra vida cotidiana. En otras palabras, algo que nos haga sentido. Y cuando digo ?nos' no hablo de la elite política y cultural, sino de nosotros los chilenos. Hay que invertir en educación, potenciar las ciencias, facilitar el emprendimiento, tecnologizar y fortalecer nuestros sectores económicos competitivos, sí, pero si no linkeamos estas acciones -y las políticas para la innovación en general- a una épica superior que nos empodere en nuestras actividades del día-a-día sean de la índole que sean, que nos identifique como país y que, en definitiva, apele al Nosotros, todo lo anterior puede quedar en simples iniciativas para promover la industrialización. Meter a Chile en la economía de la innovación, en la nueva sociedad del conocimiento, va a requerir más que eso. Pero poco, o nada, vi en la entrevista a Ferreiro. El discurso es a estas alturas un commodity y ya nos lo sabemos de memoria (la innovación es fundamental, la importancia del capital humano, de la tecnología, agregar valor, etc.), pero no veo un proyecto, no veo una visión-país que vaya más allá de los lugares comunes. Lo más probable es que para el 2010 aún no seamos Irlanda, pero es imprescindible que para esa fecha haya un épica construida entorno a la innovación y, ojala, instalada. Sin eso, podemos esperar sentados. Como digo, no sé cuál sería ese modelo chileno, ni siquiera si puede existir, pero se me ocurren que un elemento importante para dotar de ?chilenidad' a nuestras políticas públicas para la innovación, y de paso empezar a crear una visión-país en esto de la innovación y el Bicentenario, es sacar a la innovación de la abstracción (las empresas, los clusters, las regiones, la universidad, el país) para volcarla hacia las personas. Cuatro ideas en esta dirección: 1. La innovación no depende de la ciencia y tecnología, sino de cómo hacemos las cosas. Hay que romper esa idea que la innovación la hacen ejecutivos o PhDs o científicos o los computadores, o sea romper el mito que la innovación se hace ?top-down'. La innovación está en cómo hacemos las cosas (en las tácticas diría de Certeau), desde el enólogo explorando nuevas cepas y el ingeniero de Codelco creando nuevas tecnologías, hasta el pyme ingeniándoselas para mantenerse a flote y la familia de Ancud que está haciendo paté de ajo chilote. 2. La riqueza está en las ocupaciones. Esto no lo digo yo sino Ann Markusen (2002 pdf) y creo que es el paso lógico a la idea de arriba. Identificar ocho clusters está muy bien como marco general, pero luego es fundamental bajar el zoom para identificar sub-clusters específicos que giran en torno a industrias mucho más especializadas y, crecientemente, a ciertas ocupaciones claves. Identificar estas redes es prioritario para un país como Chile, que por su tamaño y escala debería apostar a innovaciones ?boutique' y con denominación de origen. 3. Identificando redes emergentes. En concordancia con lo anterior, me atrevo a lanzar tres sectores económicos pequeños pero de alta innovación y con gran potencial identitario. - La publicidad. Chile es el epicentro de la producción y posproducción publicitaria de América latina. A lo mejor no deja tanto como el cobre o el salmón, pero es un nicho de alta innovación y valor simbólico. Su compleja y sofisticada arquitectura organizacional nos habla, además, de la efervescencia que se vive en esa industria. - Teatro, televisión y cine. La industria cinematográfica es aún incipiente en Chile, pero para cualquiera que tiene un mínimo de contacto con ese mundo, es evidente que es un sector que ha crecido exponencialmente en la última década, y que vive un dinamismo sin parangón. Nueva empresas de producción y gestión cultural, el mercado de los guionistas y de la posproducción, las escuelas de cine, el auge de los telefilms y el nuevo estatus de los actores nos hablan de estos cambios. - El turismo cultural y natural. Somos un país con recursos naturales y paisajísticos de un valor incalculable, a lo que se le ha sumado una industria turística altamente especializada y sofisticada que está capitalizando el potencial de estos recursos. Lo fundamental es que esta línea de desarrollo requiere para su éxito más que el lodge cinco estrellas: requiere una apuesta por la sustentabilidad, por la cultura local, por la identidad y, en suma, por nuestra geografía humana. 4. Chilenos (Leer más)
 Estuve esta semana en la hermosa ciudad de Valdivia, capital de la novísima Región de los Ríos, presentando en el VI Congreso Chileno de Antropología. El congreso, algo desordenado pero bien; sin embargo lo que realmente me llamó la atención fue Valdivia misma (no sé porque la feminizo, pero suena mejor). Y como todo en la vida, me llevo gratas y no tan gratas sensaciones. Lo primero que hay que decir es que Valdivia es preciosa y que es probable que junto a Valparaíso no tengamos otras ciudades con identidades tan fuertes. Se trata del Calle-Calle y de la selva valdiviana y de los cisnes y de los humedales y de la influencia mapuche y del mercado fluvial y de la arquitectura/cultura alemana, pero también de la Universidad Austral, del Centro de Estudios Científicos, de una ciudad bien planificada, del Museo de Arte Contemporáneo, de su Festival de Cine y del (alto) capital cultural que se respira en la zona. Valdivia es nuestro collegetown por excelencia, incluso me atrevería a decir que es nuestro Princeton, Oxford o Ithaca/Cornell, ciudades intermedias o pequeñas, ricas en naturaleza y calidad de vida y densas (densísimas) en capital cultural y humano. Caminando por su costanera, llena de familias jóvenes paseando (me tocarón unos días espectaculares), comprando merkén (auténtico) en su mercado o deambulando por la U. Austral llena de estudiantes, queda la sensación que Valdivia es el lugar más apropiado de Chile para crear una ciudad 2.0, o sea una ciudad que encarne todos los requisitos del siglo 21: actividadades terciarias avanzadas, identidad urbana, sostenibilidad, conocimiento de punta, calidad de vida... ¿Qué otra ciudad puede competirle a Valdivia? Santiago es descaradamente la ciudad más grande y rica del país, pero por lo mismo es una ciudad caótica y poco manejable; Valparaíso podría 'darle la dura' a cualquier otra ciudad chilena, pero primero tiene que solucionar problemas estructurales graves (desempleo, obsolescencia física, pobreza); Antogafasta puede ser el cluster de la actividad/innovación minera, pero sin menospreciar esta importante ciudad, ¿quién querría irse a vivir a 'Antofapasta' (una imagen a todas luces injusta, pero que indica la percepción que se tienen de la ciudad)?. En definitiva, muchas ciudades chilenas cuentan con atributos locacionales de gran atractivo, pero ninguna cuenta -aún- con el mix que ofrece Valdivia. Pero no todo es jauja. En mi estancia en Valdivia me di cuenta de que la ciudad tiene que hacerce cargo de varios puntos si de verdad quiere convertirse en la 'ciudad boutique' que, a mi juicio, debería ser. Son varios los déficits, pero acá me concentraré sólo en tres: 1. Se nota poca interacción entre empresa y producción de conocimiento científico. Digo esto sin ninguna evidencia empírica más que mi sensación, pero no creo estar muy alejado de la realidad. La U. Austral es una de las mejores de Chile y el CECS es una institución de nivel mundial, pero si ambas fuerzas no se alían entre sí, y entre ellas y el sector privado/productivo, el impresionante capital humano que tiene la zona no se traducirá en crecimiento y en transformaciones productivas. Esto es fundamental si lo que se quiere es crear procesos endógenos de innovación y desarrollo. 2. No es fácil llegar a Valdivia. Solo LAN tiene vuelos, haciéndolos demasiado caros (sale más barato ir a Buenos Aires). El transporte terrestre está mejor consolidado. La frecuencia de buses Santiago/Valdivia es alta y la variedad de servicios amplia. Pero no pasa lo mismo con trayectos de menor distancia, por ejemplo a otras ciudades sureñas. Unos colegas de Concepción me comentaban que demoran 6 horas a Valdivia (!!!), porque el bus sigue parando en cada pueblo del camino. Urge asimismo tener un bus express a Puerto Montt o, porqué no, un tren rápido. Puede sonar exagerado lo del tren rápido, pero ojo que Valdivia -y en general las ciudades sureñas que crecen a pasos agigantados- debe solucionar el problema de la interconexión y la movilidad si quiere ser una ciudad competitiva. 3. A Valdivia le falta night economy y amenities. En el aeropuerto Pichoy (que no tiene un redbank!), ya volviendo a SCL, me encontré con un amigo filósofo que también había asistido al congreso. Mi amigo ya es profesor (es experto en complejidad), tiene una carrera bien consolidada y por lo mismo, me decía, feliz se vendría a Valdivia si le ofrecieran un proyecto interesante. Pero me contó una anécdota que de alguna manera explica porqué mucha gente (como mi amigo) no se muda a Valdivia. Me decía que después de una cena en casa de un profesor anfitrión, algunos decidieron ir a tomarse un trago. Era un día jueves a las 12 de la noche. Les costó tanto encontrar un bar abierto que estuvieron a punto de desistir. Me decía esto con un tono un poco paternalista, como diciéndome 'Valdivia todavía es un pueblecito'. El punto es que si Valdivia quiere atraer capital humano y retener al que forma, tiene que hacer un esfuerzo por ser una ciudad más dinámica, una ciudad más 'urbana'. Esto pasa por ser una '24-hours city' pero también por entregar más atractivos a individuos que le dan gran importancia a la cultura, el consumo y el tiempo libre. Por ejemplo, la ciudad tiene que hacerce cargo rápidamente de su riverfront. Mis amigos arquitectos de la zona (CAMA - hot architecture, ja!) me dicen que agentes privados y públicos ya tienen planes. Ojala que prosperen, porque es imprecindible que Valdivia consolide su núcleo urbano central llenándolo de actividades, y que aproveche de pasada su gran recurso e hito, el río. Eso. Lindo desafío tiene Valdivia por delante. (Leer más)
 En EE.UU., y probablemente también en Europa, las herramientas 2.0. se están metiendo de cabeza y a pasos agigantados en la planificación urbana. Ya no se trata simplemente del blog para subir opiniones y hacer comentarios, sino que una nueva forma de diseñar e implementar procesos complejos de intervención o transformación urbana. Más abajo doy algunos links a herramientas, proyectos e iniciativas que están usando la web 2.0. en procesos de planificación y diseño urbano innovador. Pero antes quisiera detenerme en algunos aspectos relevantes de esta nueva puerta que se abre para la planificación urbana en particular y la participación ciudadana en general. Primero, que la naturaleza y definición del espacio va a cambiar profundamente. He tenido que (re)leer durante estos días The production of space de Henri Lefebvre, y creo que sus ideas son pertinentes para este post. Lefebvre dice que el espacio puede ser concebido desde tres posiciones (la famosa trialéctica de Lefebvre): las ?representaciones espaciales' (o espacio concebido), que son el espacio técnico y abstracto que es elaborado formalmente por arquitectos, planificadores, geógrafos e ingenieros; ?los espacios representacionales' (espacio vivido), que son directamente vividos en la cotidianidad y que no requieren obedecer las reglas de las representaciones espaciales porque su motor no es racional sino ?afectivo'; y ?las prácticas espaciales' (espacio percibido), que se relacionan con el uso, o sea las prácticas que son a la vez el producto de las fuerzas espaciales y de las percepciones de los individuos. La utilización de la web 2.0. para procesos de planificación puede hacer que la noción de espacio que se moviliza en estos planes comience a ser cada vez más vivida y percibida. O puesto de otra manera, se puede hacer una planificación urbana que esté más relacionada con los usuarios, con sus expectativas, emociones, experiencias y prácticas, y menos con el espacio concebido por los expertos de siempre. Sería un gran cambio. Segundo, estas herramientas 2.0. pueden significar una transformación de proporciones en uno de los problemas centrales de la planificación urbana: el poder, o sea la gestión del conocimiento y la información. Porque demás está decirlo, la planificación urbana es siempre política, implica siempre la voluntad de imponer una visión, aunque esa visión sea ultra progre y la participación en ésta sea un issue central: desde cómo se presenta la información y a quién, hasta cómo se interpreta e integra la opinión comunitaria en el plan final (traductore, traidore), el ejercicio de la planificación urbana está siempre al límite de la manipulación y el voluntarismo. Pero la web 2.0. puede mitigar ese problema, porque cambia la manera no sólo de exponer la información, sino también, y sobre todo, de construirla. Imagínense la evaluación de impacto de una nueva infraestructura vial, en la que todos los vecinos pudiesen ver una simulación del proyecto y señalar sus observaciones, agregando información que los expertos no ven (?la señora_______ está llena de gatos que van a ser un problema para la carretera'), subiendo fotos, haciendo sus propias propuestas e invitando a expertos externos a que den su opinión: la información se construiría colectivamente, lo que aumentaría las posibilidades de consenso y generaría una mayor presión por transparentar la información. Por último, creo que esta es una oportunidad única para Chile. La ?cultura de la participación', aplicada a temas de ciudad, está recién apareciendo en nuestro país (enhorabuena). Los ciudadanos están empezando a discrepar, y a sacar la voz para hacérselo saber a todos. Han surgido una serie plataformas, colectivos, coordinadoras y movimientos ciudadanos para hacerle frente a cambios urbanos percibidos como dañinos, poco transparentes o deficientes -ver Ñuñoa, San Miguel, Providencia y Vitacura. Se trata de iniciativas interesante pero que aún se cuentan con los dedos de las manos y la mayoría no ha salido de la carta al director, la protesta frente a la muni y el blog. Ahora que esa cultura participativa está formándose, es el momento para que comiencen a instruirse y a utilizar en sus campañas y a exigir a las autoridades estas nuevas herramientas participativas. Insisto, sería un cambio de proporciones. Algunos ejemplos (a mi juicio los más interesantes) de la utilización de la web 2.0. en procesos de planificación urbana en EE.UU. Esta información fue recopilada por Chris Stein (ppt en pdf) de la revista Planetizen. = Rethink College Park (blog) = Rethink College Park (mashup) = Louisiana Speaks (encuesta) = Planning Kauai (YouTube) - excelente! = Introduction to Durango (CO) Comprehensive Plan (YouTube / Google Earth) = Old Sixth Ward, Historic District, Houston, Texas (YouTube) = WalkScore (mashup) = Planificación urbana en Second Life (Leer más)
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