David en su
última publicación cierra meditando respecto a las dificultades para la innovación en chile. En esa línea, me gustaría aportar un par de datos que se me cruzaron esta semana. Ambos relacionados con las dificultades para obtener patentes de invención en Chile. Canal Trece en su espacio de reportajes comentaba que el trámite para obtener tal patente demora al menos 5 años. ¡5 Años! Al ritmo de los tiempos, en ese período parte importante de los inventos ya está prácticamente obsoleto. En paralelo, el diario El Mercurio publicó un pequeño artículo respecto a los montos que implica el registrar tu idea: el costo total bordearía los 660 mil pesos.
Patentar un invento en chile Para poder sacar partido de una original idea sin que se la copien, debe registrar su patente en el Departamento de Propiedad Industrial (DPI) y estar preparado para esperar y desembolsar unos billetes. Para esto, debe presentar una solicitud en el DPI con sus datos personales, un resumen representativo del invento y una detallada descripción -debe pagar $1.000 por los formularios más 1 UTM ($33.019) de costo inicial-. Con estos antecedentes, el DPI revisa la solicitud, y, de aprobarla, se le entrega al solicitante un título representativo que debe publicar en el Diario Oficial (la publicación sale $40.000). Después de estos pasos viene lo más largo, que es el análisis técnico de su propuesta por parte de un perito nombrado por el DPI. Esta etapa dura un promedio de dos años y medio y tiene un costo de $354.000 en el caso de las patentes de invención. Cuando pasa esta fase, el jefe del servicio debe firmar la resolución que habilita el otorgamiento del registro. Con la patente en la mano, debe pagar un total de 7 UTM ($231.133) para los veinte años que dura la patente. Tres de ellas corresponden a la primera década, y debe ser pagada cuando se recibe la patente, y las otras cuatro son de los siguientes 10 años, y debe ser pagada antes del primer decenio. En total, el costo se aproxima a los $660 mil, en caso de que el proceso sea exitoso.
De qué servirían eventuales incentivos si las barreras para la creatividad son tan brutales!