
En este post voy a intentar dar un paso atrás y analizar, con un prisma de Silicon Valley, a nuestra querida región latinoamericana “in the big picture” como dicen los norteamericanos, por lo menos en lo que se refiere a tecnología y educación – los temas principales de Enjambre.
El estar inmerso en la mitad de la campaña presidencial norteamericana da para pensar en muchas cosas, y en lo personal me ha hecho reflexionar sobre el futuro de América Latina y su rol en este mundo cada vez más globalizado. Como muchos se habrán dado cuenta leyendo mis posts anteriores, uno de los temas que más me apasionan es el posicionamiento (o mejor dicho inclusión) de América Latina como un jugador relevante en el partido, para dejar de estar relegado a su puesto habitual de suplente (y secundario) en la banca. Pero después de vivir por casi ya cuatro años en este país, puedo decir que la actitud frente a nuestra región (y lo digo en base a mi experiencia en Silicon Valley, probablemente la región más innovadora y dinámica de los EE.UU) sigue siendo de una indiferencia y hasta irrelevancia casi absoluta.He comenzado a leer la biografía de Barack Obama “Dreams from my father: a story of race and inheritance” y me parece interesante rescatar varias cosas del libro y hacer algunos paralelos con América Latina. Una constante del libro es la lucha y desafío de Obama por sobresalir en la sociedad norteamericana donde siempre ha existido una discriminación hace la minoría de raza negra, y en el caso personal de Obama, esta lucha (por forjar su propia identidad) se acentúa aún más por ser de “origen multirracial” ie.: su madre es blanca de clase media proveniente de Kansas, y su padre (ausente casi toda su vida) africano de Kenya y de origen musulmán. El improbable ascenso de un joven de raza negra en este país no es nada nuevo, pero refleja en parte la realidad de cualquier minoría en este país, y en lo que se refiere a este artículo, a los latinos.
Coincidentemente, entiendo perfectamente este dilema del “multiracialismo”, o más bien "multiculturalismo" (una distinción no menor) en mi caso, siendo mi padre Sudafricano (aunque no negro como a veces solían preguntarme en Chile con cara de incredulidad… sino blanco y judío) y mi madre Chilena. Fue así como desde muy temprano aprendí a defender a ambos países de los prejuicios de ambos lados: en Chile se reían de Africa y me preguntaban si mi familia usaba huesos en la cabeza y si se veían animales salvajes paseando en las calles – y por qué no decirlo también, enfrentar prejuicios por ser judío en una sociedad eminentemente católica, y en Sudáfrica pensaban que la mayoría de los habitantes de Chile eran indios viviendo en una sociedad pobre e inculta...
En fin, el punto es como sobresalir e insertarse en este mundo como actores relevantes – derribando los eternos prejuicios respectivos. Habiendo crecido en Chile, y viajado y conocido a muchos latinoamericanos no dudo, ni creo que nadie en América Latina dude, que existe una riqueza de talento increíble en nuestra región, pero lamentablemente esa riqueza todavía no se ha transferido ni reconocido en Silicon Valley – tal vez la última frontera de la vanguardia mundial en temas de tecnología e innovación. Y tal como dice Obama en su ya célebre discurso sobre raza y religión, “I've gone to some of the best schools in America and lived in one of the world's poorest nations” (refiriéndose a Harvard e Indonesia) – puedo decir que también tuve la suerte de estudiar en una de las mejores escuelas norteamericanas (Stanford) y aunque Chile no sea (por lejos) uno de los países más pobres del mundo, es un lugar donde la pobreza sigue siendo palpable. Y en base a esta experiencia puedo decir que el contraste entre Stanford y la Universidad Católica de Chile (donde también tuve la suerte de estudiar) es simplemente enorme.De partida, la cantidad de recursos que maneja Stanford vis-à-vis la PUC (y en general todas las universidades norteamericanas vis-à-vis las latinoamericanas) es infinitamente superior. El exitoso concepto de los endowments, donde las universidades invierten su activos en portfolios diversificados, es impresionante. Quien pensaría que una universidad como Stanford podría manejar un portfolio valuado en US$17B y Harvard US$34B? Estos números son simplemente astronómicos y escapan a todo margen de nuestra humilde experiencia universitaria latinoamericana. Y como he escrito en un artículo anterior sobre transferencia de tecnología, el nivel de investigación y desarrollo es comprensiblemente incomparable también.
Otra anécdota ocurrió la primera vez que salí a trotar en el campus de Stanford y me topé con un muro que incluía la lista de todos los medallistas olímpicos de Stanford. Este evento ocurrió precisamente durante el mismo verano de 2004 en que los tenistas Fernando Gonzalez y Nicolas Massu ganarían la primera medalla de oro para Chile en los juegos olímpicos de Atenas y producto del cual se les alzaría un monumento en Chile. Bueno, resulta que la lista de Stanford incluía ni más ni menos que 182 medallistas olímpicos - incluyendo 104 medallas de oro - y ese mismo verano atletas de Stanford se llevarían otras 17 medallas, incluyendo tres de oro.
Entonces, la pregunta final es cómo pueden los emprendedores y las empresas latinoamericanas competir con sus pares norteamericanos o incluso europeos existiendo tantas diferencias de oportunidades y recursos, e incluso prejuicios? Y me parece que ése es justamente el desafío de nuestra región para el siglo XXI (aunque este desafío siempre ha existido). Pero una importante diferencia es que hoy en día, gracias a los avances de la tecnología, es cada vez más fácil participar de este contexto global y los emprendedores latinoamericanos debieran comenzar a competir e interactuar cada vez más con sus pares del hemisferio norte. Y como lo demuestra Nueva Zelandia (un país con una población que apenas supera los cuatro millones de habitantes) con su equipo de rugby, es factible superar las diferencias de recursos y vencer en el contexto mundial (aunque paradójicamente Nueva Zelandia no ha ganado un mundial de rugby desde el primero en 1987…)
Pero entre más pienso en este tema, más convencido estoy de que al final es un asunto casi netamente cultural, tema que por cierto hemos tocado muchas veces en este foro. Por lo que el juicio de fondo se debiera remitir a la esencia misma de la cultura latinoamericana (y sus países respectivos) y la voluntad de sus representantes para incorporarse al mundo no en calidad de simples comparsas sino como líderes.
Por último, a veces cuando pienso en estos temas me acuerdo de la famosa canción de Los Prisioneros “Por qué no se van del país” y pongo en perspectiva mis pensamientos sobre cómo apoyar a nuestra región desde Silicon Valley, desde "fuera del país", con el fin de procurar un cambio para bien.
Y una buena noticia es que el próximo mes vamos a presentar una delegación de empresas web 2.0 provenientes de Chile (incluyendo a Needish, Bligoo, Zetacorp Networks, Reactor, Meeting, Gaaper y Metrik - que viene en parte apoyadas por la CORFO) y de Argentina (Popego) para un evento denominado “Patagonia 2.0 Technology Showcase” aquí en pleno Silicon Valley. Ya veremos como reacciona la comunidad local de emprendedores e inversionistas, y obviamente esperamos que sea un éxito y que la comunidad local pueda apreciar lo que se está haciendo en América Latina y se empiecen a derrumbar (finalmente) los prejuicios que existen sobre la región y sus emprendedores.
Y me tomo la libertad de terminar este post con las tres palabras que ocupa Obama en su campaña, pero esta vez en referencia a América Latina, y que también sirve de título de este post: "YES WE CAN"


Gran post, Evan. Mucho éxito a los entrepreneurs chilenos en el valle del silicio.