
No es posible estar indiferentes al advenimiento de la
?sociedad de la innovación? y las implicancias sociales, culturales y económicas que este modelo socio-cultural tendrá en los próximos años en el mundo y cuyos resultados ya están a la vista en el desarrollo de países como Finlandia, Israel, Irlanda y Corea del Sur por nombrar algunos.
Más allá de que está de moda hablar de innovación en ámbitos políticos y empresariales, es una realidad que los procesos de innovación son un motor de cambio poderosísimo que pueden llevarnos a un desarrollo país en donde podamos experimentar un Chile diverso, seguro, sano y justo (igualdad de oportunidades), en un entorno con aire puro, agua limpia, energéticamente solvente, económicamente y ecológicamente sustentable para todos los Chilenos.
Ahora bien, no basta con dotar a Chile de plataformas tecnológicas, infoestructura, metodologías de innovación, seminarios de innovación, manuales de prácticas empresariales, etc.? si los Chilenos y en especial las futuras generaciones, que son el combustible que hará rugir el motor de la innovación, no están educadas, entrenadas en las competencias del siglo 21 para hacer, en forma natural y cotidiana, la innovación su ?modus-operandis?.
Es por tal que quizás la primera gran innovación que deberíamos hacer es repensar la forma en que estamos estimulando la capacidad creadora de nuestros niños en su proceso de aprendizaje escolar (revisar los currículos escolares), entendiendo que para poder innovar necesitamos de personas cuya creatividad y capacidad de hacer (implementar) fluya en forma natural.
Los niños son seres que nacen infinitamente creativos, cuya avidez de explorar, experimentar, conectar se da en forma natural y fluida. Como decía Picasso, todos nacemos artistas, el gran desafío es mantenerse como tal, en la medida que pasamos a nuestra torpe adultez.
La ?incómoda verdad? de nuestra realidad en materia de educación es que, en un mundo gobernado por una visión mecanicista y reduccionista, los niños en forma sistemática son ?des educados? de su creatividad; son como árboles, que en la medida que crecen y se desarrollan, se le podan aquellos brotes que no son utilitarios a esta sociedad y se les rectifica su tronco para que estén acorde con el bosque de nuestra cultura, que en el caso del bosque Chileno, se espera que sea bien homogéneo, conservador, en la norma de lo socialmente correcto (bien polite) e igualito a ese bosque en que crecieron las generaciones pasadas.
Es así como en Chile todavía prevalecen los currículos escolares verticales, donde en la punta de la pirámide se encuentran las ciencias duras, en el siguiente nivel los lenguajes, más abajo las ciencias sociales, las artes en la base (¿¿¿para relajarse y subir las notas???) y el cuerpo como un mero transporte de nuestras mentes.
La invitación es repensar los currículos escolares como un proceso holístico de integración de todas las áreas de estudio (a un mismo nivel de jerarquía) en función del fortalecimiento de competencias. Diseñar un currículo para niños tipo Leonardo Da Vinci (creador multidisciplinario), para que dada la infinita naturaleza creativa de estos, puedan experimentar el aprendizaje en forma multidisciplinaria y significativa entrenando en dicho proceso la creatividad, el liderazgo, la colaboración, aprendizaje de los errores y toma de riesgo entre otras competencias, que les permitan hacer de la innovación su forma natural de enfrentar los desafíos de la vida.
Solo así, Chile podrá hacer arrancar el motor de la innovación que nos lleve a un desarrollo país pleno.