'Provincializar' la innovación (o la innovación y el Bicentenario)

Enviado por manuel tironi el diciembre 01, 2007 a las 22:57
1196561830_innovacionchilena.jpg  El post de Evan sobre la correlación entre juventud y capital de riesgo, y el de Valdivia sobre Godin me dejaron pensando sobre un tema a mi juicio medular: hasta qué punto hemos hecho nuestra una definición de innovación que, lejos de ser universal, es la forma específica que ésta ha adoptado en un contexto económico y cultural particular, a saber, Estados Unidos. El tema me daba (da) vueltas por la cabeza, pero lo encontraba un poco denso para tirarlo en Enjambre. Hasta hoy. Lo que me hizo cambiar de opinión fue una entrevista al ministro Ferreiro que aparece en la Tercera. Pero partamos en orden. Como ya lo he dicho en otro lugar, la innovación -cómo se define y moviliza- depende de las arquitecturas y las culturas económicas que la soportan, las que son muy distintas en diferentes lugares. Susan Christopherson, por ejemplo, ha estudiado largamente los modelos laborales y político-económicos de Estados Unidos y Alemania. Su conclusión es precisamente que la juventud, la autonomía personal y la rapidez -"the  faster and more insightfully, the better" en palabras de Godin- son elementos propios del excepcionalismo norteamericano, a su vez basado en el self-made man, el pionero y el individualismo (ver también a Alesina y Glaeser 2006). Alemania está en las antípodas. Siguiendo la tradición medieval de las guildas, la agregación de valor es de largo aliento y se hace sobre la base de una visión colectiva y del trabajo cuasi-artesanal de trabajadores hiper-especializados (Christopherson 2003). En un modelo está la figura del CEO recién egresado, brillante, agresivo y veloz que logra ganancias al dar la estocada en el milisegundo preciso ("the  faster and more insightfully, the better"); en el otro una empresa que lleva siglos produciendo componente industriales de alta sofisticación (p.ej. Bosch-GmbH) y que incrementa su valor agregado de modo incremental, formando capital humano y protegiendo valores culturales compartidos (famoso fue el rechazo en bloque -y por razones éticas- de los banqueros alemanes a la llegada de WalMart). Pero no me interesa debatir sobre el modelo norteamericano, sino reflexionar sobre qué nos queda a nosotros, acá en Latinoamérica, acá en Chile. ¿Existe una ?vía chilena' a la innovación? No lo sé, pero de lo que estoy seguro es que debemos ser más críticos y no asumir como propios modelos que no son universales, por muy atractivos y hegemónicos que éstos sean. Y me atrevo a decir más: parafraseando a Chakrabarty (2000), creo que es fundamental que ?provincializemos' nuestra innovación, que la hagamos nuestra y con orgullo, que la acerquemos a nuestra identidad. Creo, de hecho, que ese debería ser la gran meta en términos de innovación de cara al Bicentenario: encontrar una fórmula a través de la cual al hablar de innovación -issue clave para el desarrollo chileno futuro- lo hagamos para hablar de algo que nos identifique, que nos aglutine y que esté imbuido en nuestra vida cotidiana. En otras palabras, algo que nos haga sentido. Y cuando digo ?nos' no hablo de la elite política y cultural, sino de nosotros los chilenos. Hay que invertir en educación, potenciar las ciencias, facilitar el emprendimiento, tecnologizar y fortalecer nuestros sectores económicos competitivos, sí, pero si no linkeamos estas acciones -y las políticas para la innovación en general- a una épica superior que nos empodere en nuestras actividades del día-a-día sean de la índole que sean, que nos identifique como país y que, en definitiva, apele al Nosotros, todo lo anterior puede quedar en simples iniciativas para promover la industrialización. Meter a Chile en la economía de la innovación, en la nueva sociedad del conocimiento, va a requerir más que eso. Pero poco, o nada, vi en la entrevista a Ferreiro. El discurso es a estas alturas un commodity y ya nos lo sabemos de memoria (la innovación es fundamental, la importancia del capital humano, de la tecnología, agregar valor, etc.), pero no veo un proyecto, no veo una visión-país que vaya más allá de los lugares comunes. Lo más probable es que para el 2010 aún no seamos Irlanda, pero es imprescindible que para esa fecha haya un épica construida entorno a la innovación y, ojala, instalada. Sin eso, podemos esperar sentados. Como digo, no sé cuál sería ese modelo chileno, ni siquiera si puede existir, pero se me ocurren que un elemento importante para dotar de ?chilenidad' a nuestras políticas públicas para la innovación, y de paso empezar a crear una visión-país en esto de la innovación y el Bicentenario, es sacar a la innovación de la abstracción (las empresas, los clusters, las regiones, la universidad, el país) para volcarla hacia las personas. Cuatro ideas en esta dirección: 1. La innovación no depende de la ciencia y tecnología, sino de cómo hacemos las cosas. Hay que romper esa idea que la innovación la hacen ejecutivos o PhDs o científicos o los computadores, o sea romper el mito que la innovación se hace ?top-down'. La innovación está en cómo hacemos las cosas (en las tácticas diría de Certeau), desde el enólogo explorando nuevas cepas y el ingeniero de Codelco creando nuevas tecnologías, hasta el pyme ingeniándoselas para mantenerse a flote y la familia de Ancud que está haciendo paté de ajo chilote. 2. La riqueza está en las ocupaciones. Esto no lo digo yo sino Ann Markusen (2002 pdf) y creo que es el paso lógico a la idea de arriba. Identificar ocho clusters está muy bien como marco general, pero luego es fundamental bajar el zoom para identificar sub-clusters específicos que giran en torno a industrias mucho más especializadas y, crecientemente, a ciertas ocupaciones claves. Identificar estas redes es prioritario para un país como Chile, que por su tamaño y escala debería apostar a innovaciones ?boutique' y con denominación de origen. 3. Identificando redes emergentes. En concordancia con lo anterior, me atrevo a lanzar tres sectores económicos pequeños pero de alta innovación y con gran potencial identitario. - La publicidad. Chile es el epicentro de la producción y posproducción publicitaria de América latina. A lo mejor no deja tanto como el cobre o el salmón, pero es un nicho de alta innovación y valor simbólico. Su compleja y sofisticada arquitectura organizacional nos habla, además, de la efervescencia que se vive en esa industria. - Teatro, televisión y cine. La industria cinematográfica es aún incipiente en Chile, pero para cualquiera que tiene un mínimo de contacto con ese mundo, es evidente que es un sector que ha crecido exponencialmente en la última década, y que vive un dinamismo sin parangón. Nueva empresas de producción y gestión cultural, el mercado de los guionistas y de la posproducción, las escuelas de cine, el auge de los telefilms y el nuevo estatus de los actores nos hablan de estos cambios. - El turismo cultural y natural. Somos un país con recursos naturales y paisajísticos de un valor incalculable, a lo que se le ha sumado una industria turística altamente especializada y sofisticada que está capitalizando el potencial de estos recursos. Lo fundamental es que esta línea de desarrollo requiere para su éxito más que el lodge cinco estrellas: requiere una apuesta por la sustentabilidad, por la cultura local, por la identidad y, en suma, por nuestra geografía humana. 4. Chilenos somos todos. Chile se convierte poco a poco en un ?melting pot'. A nuestras colonias tradicionales, hoy se le suman los peruanos, ecuatorianos y coreanos. Esta diversidad es un valor que debe ser celebrado, porque nos habla de un país abierto y tolerante, y porque para mucho es sólo esta diversidad la que permite abrir canales de innovación (Florida 2002 y 2005, Zachary 2000). O sea incrustar la innovación dentro de un proyecto-país no puede significar anclarla en el patrioterismo y el nacionalismo chanta. Eso.
Enviado por David Assael el 02/12/2007 a las 15:05
Manuel, Muy bueno tu post... super lúcido. Me parece que para pegarnos ese salto cuántico como país, ese que venimos vaticinando hace tanto rato, (...que incluso ya estaba prometido hace como 15 años que para el 2010 "Chile iba a ser un país desarrollado") hace falta justo eso que a ratos queda clarísimo en el post: VISIÓN. En estos momentos nos encontramos con un serio problema de planificación de largo plazo en todo tipo de ámbitos y escalas. Los plazos políticos cada vez se han acortado más, y hacer las cosas ya!, con resultados instantáneos es la necesidad absoluta. En los temas de ciudad esto es realmente dramático... los proyectos a largo plazo que no tienen rédito político pronto simplemente no van. En Chile nos hemos quedados faltos de Visioón, no tenemos proyectos de ciudad, ni energéticos, ni nada que sea a más de un período presidencial... introducir reformas educacionales y culturales con el fin de inducir los cambios necesarios para generar innovación, requieren altas dosis de paciencia, esperanza y sin duda visión de país.

Enviado por Diego Uribe el 02/12/2007 a las 15:32
Hola Manuel, Concuerdo con Davod...Que lúcido tu post... La verdad es que el discurso técnico sobre innovación está bastante agotado y el meollo de como Chile se inserta o genera una sociedad de la innovación esta precisamente en hacerlo desde la identidad y la cultura. No basta con importar modelos de innovación y buenas prácticas ya que si no están alineadas con la cultura local, estas no cobran sentido en el consciente colectivo, no germinan y terminan siendo un recetario sin sentido. Concuerdo que el primer paso hacia este camino es una visión de país anclado en un proceso de redescubrir nuestra identidad y cultura. Desde ahí nos lanzamos a la piscina...

Enviado por Andrés Liberman el 03/12/2007 a las 13:54
Manuel, Creo que no hay otro camino que la "innovación a la chilena". Resulta paradójico intentar definir otra cosa: aunque copiemos algo desde afuera, va a seguir siendo a la chilena. Lo que sí me parece un error es direccionar a priori lo que es la forma "chilena", porque o nos convertimos en el clon vulgar de Miami o caemos en un chauvinismo-patrioterismo-nostálgico que no conduce a mucho. Either way, tu lo describes precisamente: "chanta". Pero para mi el punto central de tu (y aquí me cuelgo de mis colegas) muy lúcido post es el número 1: la verdadera forma de "entrar" por la puerta grande a la economía de la información y del valor agregado es en cómo se hacen las cosas. Eso es lo central. Los aumentos en productividad son la clave del crecimiento económico, y eso no es más que producir mayor valor en una menor cantidad de tiempo. Muy sencillo, pero increiblemente dificil de lograr, tanto que son un puñado de países en el mundo los que han escapado de la trampa del sub-desarrollo. ¡Gracias por el post! Saludos, AL

Enviado por Rodrigo el 04/12/2007 a las 18:48
Estoy muy deacuerdo en que necesitamos algo que nos haga sentido, para poder sumarnos todos como parte de un proyecto país, aunque sea de manera inconsciente. Hace poco, creo que el año pasado, nuestra actual presidenta propuso el desafío de poner a Chile dentro de las potencias mundiales en el área de alimentación, exportando productos y generando valor agregado, pero, nunca mas escuche algo sobre eso. Si realmente se quiere un cambio así, se debe cambiar el curriculum educacional, se deben organizar encuentros, charlas, etc. Si nadie sabe para donde vamos, poco podremos hacer. Me parece motivante escuchar a aquellos personajes que participaron en el viaje a India que organizó chile digital, por que demuestra que con políticas fuertes se pueden lograr avances enormes. Por las características geográficas de Chile, deberíamos especializarnos en tres áreas que se entrelazan, Alimentación, Turismo, y Energías renovables

Enviado por valdivia el 09/12/2007 a las 19:43
Tironi: Brillante. Ahora, creo que eso que nos "hace sentido" se parece mucho al encuentro de una identidad. Desde esa perspectiva, por razones que no entiendo ni intuyo, chile las ha visto duras. He escuchado por ahí que nuestra condición de capitanía general (y no de virreinato) explicaría gran parte del "carcater nacional"...pero me suena demasiado simple, no? En fin. Concuerdo con tu punto. El punto es cuán posible es hacer un esfuerzo racional por construir/descubrir esa identidad. No debería ser un proceso orgánico inmodelable desde la perspectiva de la política pública o del managment? Abrazos! :::v:::





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