
El año pasado escribí en este blog acerca de la disonancia cognitiva que se produce en el niño respecto del uso y disponibilidad de tecnologías de la información y comunicación dentro de la salas de clases versus la disponibilidad y uso de éstas fuera de la sala de clases. En este post quiero ir un poco más allá y quizás con un concepto algo más extremo; negar las tecnologías de la información en la experiencia escolar es análogo a amputarle una extremidad a un niño. ¿Cuál es el racional de tal descabellada afirmación? Esta afirmación es producto de considerar las tecnologías como un concepto algo más amplio de lo que cotidianamente hacemos. Cada vez que hablamos de tecnología es inevitable pensar en el último laptop, teléfono celular o pantalla LCD; claramente el aparato marketero de Sony, Dell y las grandes marcas de electrónica han hecho un buen trabajo en encriptar está noción de tecnología en el inconciente colectivo. Sin embargo, las tecnologías van mucho más allá de la última camara digital o ipod; como dice el padre de los estudios de medios,
Marshall McLuhan, la tecnología no es otra cosa que extensiones de alta velocidad de nosotros mismos. ¿Cuáles son las implicancias de esta noción de tecnología? Bueno si pensamos en vestuario, esta no es otra cosa que una extensión de nuestra piel. Es más, aquellas prendas ?tecnológicas? son precisamente las que replican las propiedades de nuestra piel como la impermeabilidad, porosidad y elasticidad. En esta misma dimensión, la vivienda no es otra cosa que una extensión aun más compleja de nuestra piel y en última instancia, la misma ciudad es una extensión de ésta. Si pensamos en transporte, desde extensiones básicas como un monopatín o un skateboard hasta un jet, estas no son más que un continuo de extensiones de menor a mayor complejidad de nuestro pies (y piernas). Todas las herramientas manuales son precisamente extensiones de nuestras manos y dedos, los libros son una extensión de nuestra capacidad de difundir información y así podría seguir enumerando un sin número de extensiones. En esta línea, si pensamos desde las primitivas calculadoras hasta las complejas computadoras, estas no son sino iteraciones en el tiempo cada vez más complejas de la extensión de nuestro cerebro, e Internet, no es más que el inicio de la extensión de nuestra conciencia (y la web 2.0 la extensión de nuestra conciencia colectiva!). En este sentido debemos reconocer que nuestro cerebro, y especialmente el de aquellas generaciones que convivieron desde pequeños con estas extensiones electrónicas, está configurada para funcionar en sincronía con dichas extensiones. Aunque parezca ciencia ficción, para estos individuos practicamente no hay una barrera entre su individualidad y las extensiones, especialmente las de las tecnología de la información y comunicación. Por lo tanto, no nos debería sorprender, tal como se plantea en el post de
inmigrante o nativo digital, que estos individuos aprenden en forma más eficientemente haciendo uso de estas extensiones de si mismo. En fin, al negar el uso y disponibilidad de las tecnologías de la información en la sala de clases, no estamos haciendo otra cosa que hacer que el niño enfrente la experiencia escolar amputado de parte de su cerebro (los computadores!!!) y parte de su conciencia (Internet!!!). Entonces, ¿cómo esperamos que el niño tenga un buen rendimiento y aprendizaje significativo? Salu2, Diego
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