Uno de los efectos más importantes de la revolución de la Internet ha sido la brutal diferencia que se produce entre quienes tienen acceso a este nuevo mundo y quienes se quedan fuera. Si en la era industrial las diferencias sociales estuvieron dadas por diferencias en la productividad, en el futuro (y cada vez más, en el presente) la diferencia estará cada vez más marcada por la diferencia en el acceso a la información y a la comunidad. El que está ?adentro? tiene acceso a un mundo sin límites en términos de información: el conocimiento es público. Además, su horizonte no limita con lo que ya existe: la red le permite compartir sus propios conocimientos con los de una comunidad internacional, crear, innovar, desarrollar negocios antes no conocidos y, en último término, desarrollarse y a la sociedad en la que vive. El que queda ?afuera? está relegado al margen: no tiene información, no se inserta en una comunidad, no puede crear ni innovar. No es un aporte, y peor aún, no es ni siquiera un espectador porque no tiene la capacidad de observar.
¿Qué se requiere para estar ?adentro?? ¿Solucionamos el problema regalando computadores y banda ancha para todos? Es evidente que tener un computador y una conexión son condiciones necesarias para estar ?adentro? y sin embargo, son claramente insuficientes. Vista así, la red es solamente una tecnología facilitadora. El paso faltante para estar ?adentro? y capturar el potencial de creación es comprender, interactuar, aprender, enseñar y comunicar. En resumen, lo que falta es una educación para este nuevo mundo. Es por esto que innovar en los procesos educativos es más que una manoseada frase, muy sexy y muy de moda. Es, en efecto, la llave para ?entrar? a este nuevo mundo que explota ante nuestros ojos por todos lados.
La sensación imperante es que se nos está pasando el tren. Que se repite la historia de los últimos 100 años, y que, en vez de acortarse, las brechas sociales se acrecientan. Que quienes deben tomar las decisiones no entienden que nos estamos quedando afuera, o si lo entienden, no son lo suficientemente audaces como para promover los cambios que se requieren. Que quienes están en una posición de poder prefieren, como la lógica racional lo indica, el status quo. Que la inercia domina la discusión sobre el futuro de la educación: así lo demuestra por ejemplo la dirección del debate en torno a las reformas educacionales. Lo que necesitamos es romper el paradigma imperante: necesitamos orientación y liderazgo claro en torno a qué clase de país queremos ser: o decidimos y nos educamos para estar adentro, o ineludiblemente, nos vamos a quedar afuera.

