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'Provincializar' la innovación (o la innovación y el Bicentenario): coda

Enviado por manuel tironi el diciembre 10, 2007 a las 9:36

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Entrevista a Rodrigo Salinas, artista y dibujante de comic (31 Minutos, Canal 76, Arturo Prat is Not Dead, La Isla del No, Experimento Wayápolis, etc.) y editor de la Nueva Gráfica Chilena, The Clinic, novienbre 2007, No 11, año 9. 

...La otra vez hablaba con un amigo sobre Chile y me daba risa: nosotros no tenemos dinosaurios, tenemos un milodón, ¡ese es nuestro dinosaurio! Pero Argentina sí tenía tiranosaurios rex, de la pampa ¡bien taquillas! Y los gringos tenían todos los tiranosaurios del mundo, pero aquí teníamos un milodón, que es como un oso grande que come eucaliptus, una huevá súper inofensiva que no tenía ni uñas. Esa cuestión habla mucho de un país. Pero me gusta mucho cómo Chile trata de lograr hacer cosas. ¿Por ejemplo? Trata de llegar al socialismo vía elecciones y derroca a un dictador vía elecciones... no llegamos a la cumbre del Everest por la ruta lógica, sino por una ruta chilena que es la más difícil de escalar, habiendo otro camino que está todo el día lleno de sherpas que te suben las mochilas y te toman fotos. O sea, si tenís las lucas, estai arriba altiro. Pero no. Chile toma otro camino.

"Chile toma otro camino". Buenísimo.


'Provincializar' la innovación (o la innovación y el Bicentenario)

Enviado por manuel tironi el diciembre 01, 2007 a las 22:57
1196561830_innovacionchilena.jpg  El post de Evan sobre la correlación entre juventud y capital de riesgo, y el de Valdivia sobre Godin me dejaron pensando sobre un tema a mi juicio medular: hasta qué punto hemos hecho nuestra una definición de innovación que, lejos de ser universal, es la forma específica que ésta ha adoptado en un contexto económico y cultural particular, a saber, Estados Unidos. El tema me daba (da) vueltas por la cabeza, pero lo encontraba un poco denso para tirarlo en Enjambre. Hasta hoy. Lo que me hizo cambiar de opinión fue una entrevista al ministro Ferreiro que aparece en la Tercera. Pero partamos en orden. Como ya lo he dicho en otro lugar, la innovación -cómo se define y moviliza- depende de las arquitecturas y las culturas económicas que la soportan, las que son muy distintas en diferentes lugares. Susan Christopherson, por ejemplo, ha estudiado largamente los modelos laborales y político-económicos de Estados Unidos y Alemania. Su conclusión es precisamente que la juventud, la autonomía personal y la rapidez -"the  faster and more insightfully, the better" en palabras de Godin- son elementos propios del excepcionalismo norteamericano, a su vez basado en el self-made man, el pionero y el individualismo (ver también a Alesina y Glaeser 2006). Alemania está en las antípodas. Siguiendo la tradición medieval de las guildas, la agregación de valor es de largo aliento y se hace sobre la base de una visión colectiva y del trabajo cuasi-artesanal de trabajadores hiper-especializados (Christopherson 2003). En un modelo está la figura del CEO recién egresado, brillante, agresivo y veloz que logra ganancias al dar la estocada en el milisegundo preciso ("the  faster and more insightfully, the better"); en el otro una empresa que lleva siglos produciendo componente industriales de alta sofisticación (p.ej. Bosch-GmbH) y que incrementa su valor agregado de modo incremental, formando capital humano y protegiendo valores culturales compartidos (famoso fue el rechazo en bloque -y por razones éticas- de los banqueros alemanes a la llegada de WalMart). Pero no me interesa debatir sobre el modelo norteamericano, sino reflexionar sobre qué nos queda a nosotros, acá en Latinoamérica, acá en Chile. ¿Existe una ?vía chilena' a la innovación? No lo sé, pero de lo que estoy seguro es que debemos ser más críticos y no asumir como propios modelos que no son universales, por muy atractivos y hegemónicos que éstos sean. Y me atrevo a decir más: parafraseando a Chakrabarty (2000), creo que es fundamental que ?provincializemos' nuestra innovación, que la hagamos nuestra y con orgullo, que la acerquemos a nuestra identidad. Creo, de hecho, que ese debería ser la gran meta en términos de innovación de cara al Bicentenario: encontrar una fórmula a través de la cual al hablar de innovación -issue clave para el desarrollo chileno futuro- lo hagamos para hablar de algo que nos identifique, que nos aglutine y que esté imbuido en nuestra vida cotidiana. En otras palabras, algo que nos haga sentido. Y cuando digo ?nos' no hablo de la elite política y cultural, sino de nosotros los chilenos. Hay que invertir en educación, potenciar las ciencias, facilitar el emprendimiento, tecnologizar y fortalecer nuestros sectores económicos competitivos, sí, pero si no linkeamos estas acciones -y las políticas para la innovación en general- a una épica superior que nos empodere en nuestras actividades del día-a-día sean de la índole que sean, que nos identifique como país y que, en definitiva, apele al Nosotros, todo lo anterior puede quedar en simples iniciativas para promover la industrialización. Meter a Chile en la economía de la innovación, en la nueva sociedad del conocimiento, va a requerir más que eso. Pero poco, o nada, vi en la entrevista a Ferreiro. El discurso es a estas alturas un commodity y ya nos lo sabemos de memoria (la innovación es fundamental, la importancia del capital humano, de la tecnología, agregar valor, etc.), pero no veo un proyecto, no veo una visión-país que vaya más allá de los lugares comunes. Lo más probable es que para el 2010 aún no seamos Irlanda, pero es imprescindible que para esa fecha haya un épica construida entorno a la innovación y, ojala, instalada. Sin eso, podemos esperar sentados. Como digo, no sé cuál sería ese modelo chileno, ni siquiera si puede existir, pero se me ocurren que un elemento importante para dotar de ?chilenidad' a nuestras políticas públicas para la innovación, y de paso empezar a crear una visión-país en esto de la innovación y el Bicentenario, es sacar a la innovación de la abstracción (las empresas, los clusters, las regiones, la universidad, el país) para volcarla hacia las personas. Cuatro ideas en esta dirección: 1. La innovación no depende de la ciencia y tecnología, sino de cómo hacemos las cosas. Hay que romper esa idea que la innovación la hacen ejecutivos o PhDs o científicos o los computadores, o sea romper el mito que la innovación se hace ?top-down'. La innovación está en cómo hacemos las cosas (en las tácticas diría de Certeau), desde el enólogo explorando nuevas cepas y el ingeniero de Codelco creando nuevas tecnologías, hasta el pyme ingeniándoselas para mantenerse a flote y la familia de Ancud que está haciendo paté de ajo chilote. 2. La riqueza está en las ocupaciones. Esto no lo digo yo sino Ann Markusen (2002 pdf) y creo que es el paso lógico a la idea de arriba. Identificar ocho clusters está muy bien como marco general, pero luego es fundamental bajar el zoom para identificar sub-clusters específicos que giran en torno a industrias mucho más especializadas y, crecientemente, a ciertas ocupaciones claves. Identificar estas redes es prioritario para un país como Chile, que por su tamaño y escala debería apostar a innovaciones ?boutique' y con denominación de origen. 3. Identificando redes emergentes. En concordancia con lo anterior, me atrevo a lanzar tres sectores económicos pequeños pero de alta innovación y con gran potencial identitario. - La publicidad. Chile es el epicentro de la producción y posproducción publicitaria de América latina. A lo mejor no deja tanto como el cobre o el salmón, pero es un nicho de alta innovación y valor simbólico. Su compleja y sofisticada arquitectura organizacional nos habla, además, de la efervescencia que se vive en esa industria. - Teatro, televisión y cine. La industria cinematográfica es aún incipiente en Chile, pero para cualquiera que tiene un mínimo de contacto con ese mundo, es evidente que es un sector que ha crecido exponencialmente en la última década, y que vive un dinamismo sin parangón. Nueva empresas de producción y gestión cultural, el mercado de los guionistas y de la posproducción, las escuelas de cine, el auge de los telefilms y el nuevo estatus de los actores nos hablan de estos cambios. - El turismo cultural y natural. Somos un país con recursos naturales y paisajísticos de un valor incalculable, a lo que se le ha sumado una industria turística altamente especializada y sofisticada que está capitalizando el potencial de estos recursos. Lo fundamental es que esta línea de desarrollo requiere para su éxito más que el lodge cinco estrellas: requiere una apuesta por la sustentabilidad, por la cultura local, por la identidad y, en suma, por nuestra geografía humana. 4. Chilenos (Leer más)

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