Al igual como el territorio y el espacio urbano son un factor pocas veces considerado en las discusiones y políticas de innovación, según nos alertara Manuel T. en un post anterior, cuestión similar sucede con el “espacio y territorio físico” dentro de la organización. Para lograr innovación en la empresa contemporánea, se nos habla de incentivos, financiamiento de I+D, alianzas estratégicas con universidades y agencias técnicas, buenas practicas de RRHH, buenos soportes tecnológicos, capacitación, clima laboral y cultura organizacional. Y el “espacio de trabajo”? Una serie de evidencias, experiencias y casos de los últimos años, nos indican que la arquitectura, el diseño, las materialidades, la zonificación, la estrategia de pisos, los objetos situados y, por sobre todo, el “haciéndose” de los espacios de trabajo son una variable clave para estimular la creatividad, la innovación, los accidentes y los encuentros espontáneos entre personas y grupos que trabajan en distintas unidades funcionales y/o departamentos.
El Lugar de la Innovacion II
El lugar de la innovación.
La innovación depende de muchos factores. Educación, cultura emprendedora, infraestructura, tecnología, capital de riesgo, creatividad, I+D, universidades y gobiernos son algunos de ellos. Pero, ¿y el territorio? ¿Es el territorio un catalizador de la innovación o de sus requisitos? ¿Qué rol juega el espacio en la incubación y difusión de la innovación?
Estas preguntas rondan los departamentos de economía, geografía y urbanismo (y últimamente de antropología, management, ciencias cognitivas) al menos desde fines del siglo XIX. Y la respuesta, con todo el peso de la evidencia acumulada, es contundente: sí, el territorio importa –y mucho- a la hora de producir innovación.




