Incentivos a la I&D

Enviado por el 01/02/2008 a las 13:14

Durante el mes de Enero fue promulgada la Ley 20.241 que establece incentivos tributarios para aquellas empresas que inviertan en investigación y desarrollo. En efecto, la ley establece que las empresas tendrán derecho a un crédito tributario contra el impuesto de primera categoría (impuesto a las utilidades) de un 35% de su gasto en investigación y desarrollo. Este gasto se debe canalizar a través de contratos certificados por CORFO con instituciones de investigación incluídas en un registro público. Entre los requisitos para ser parte de este registro se incluye que estos centros cuenten con una "organización y medios" suficientes para hacer investigación, y que al momento de postular lleven al menos 2 años de funcionamiento. El Ministerio de Hacienda tiene un plazo de 90 días para generar el Reglamento apropiado.

¿Cuál es la justificación detrás de un incentivo tributario a la investigación y desarrollo? En primer lugar se asume que la investigación y desarrollo financiada por los privados producen suficientes externalidades sociales positivas como para que el gobierno asuma un costo en su implementación. ¿Cuáles serían estas externalidades? Mayor investigación aplicada, resultando en nuevos productos de mayor valor agregado (fundamentalmente pensando en exportaciones), menor dependencia de los commodities, aumento de la productividad agregada y por consiguiente un aumento del producto potencial y del estándar de vida. Por otro lado, la existencia de fuentes de financiamiento (por ejemplo, créditos tributarios) que apoyen la investigación y desarrollo a nivel primario intenta corregir distorsiones producidas por asimetrías de información inherentes. Quien financia un proyecto de investigación y desarrollo aplicado tiene poca información sobre su desenlace (menos que quien lo ejecuta), lo que desemboca en incentivos perversos. Esto resulta en un nivel de investigación y desarrollo menor al "óptimo social". El sector privado se hace cargo de estas asimetrías, pero generalmente esto sucede con nuevas empresas que ya han pasado alguna etapa de desarrollo y viabilidad económica (Evan lo describe para los startups en Silicon Valley aquí) . Por ende aquellos proyectos más "áridos", como por ejemplo, investigación pura (aunque aplicada), no reciben el financiamiento necesario puesto que no necesariamente tienen un valor económico evidente a priori.

A mi juicio hay un tercer elemento en juego a la hora de diseñar incentivos correctos para la investigación y desarrollo, y tiene que ver con factores culturales (ver mis ideas al respecto aquí). ¿Por qué en Finlandia el 80% del gasto en I&D es realizado por empresas privadas (de un muy alto 3,5% del PIB)? Pienso que los factores culturales, entre los que destaco la alta valoración del fracaso, juegan un rol trascendental. Si es posible compararla de alguna manera, la valoración del fracaso es mucho peor en Chile, especialmente entre los empresarios grandes (que son quienes cuentan con la escala necesaria para poder financiar proyectos). Y esto por una razón bastante sencilla: muchas veces el statu quo es una estrategia dominante, y quien fracasó necesariamente intentó en algún minuto cambiar esa inercia. Resultado: nadie tiene incentivos a invertir en I&D. Ahora, cuando se compite en el mundo, el statu quo no es una alternativa: la innovación es un imperativo. Por ello, una iniciativa que intente romper con una tradición sedentaria en investigación y desarrollo me parece que va en la dirección correcta.

¿Qué podemos esperar de esta nueva ley? Si el diseño es correcto, esto debiese redundar en un aumento de empresas financiando proyectos de investigación y desarrollo, por ende (si el gobierno no disminuye su gasto) en un mayor nivel absoluto de investigación aplicada y de ahí a efectos notorios en la economía, como por ejemplo nuevos productos o procesos más eficientes. Pero es posible también que se generen situaciones anómalas. Por ejemplo, el hecho de que haya un registro de centros de investigación podría producir una especie de cofradía, con un objetivo distinto a maximizar la calidad de los centros que lo conforman. Por otro lado, las empresas podrían intentar pasar por I&D gastos que no necesariamente lo constituyan, resultando en una menor recaudación del gobierno a cambio de nada. De todas formas, me parece que esta nueva ley representa una innovación muy importante en términos de la estrategia de desarrollo que queremos para nuestro país.

Ver la ley Ley 20241.pdf, link a congreso aquí, respuestas a la noticia aquí y aquí.

Industrias culturales en Chile: el caso de Pueblo Nuevo

Enviado por manuel tironi el 19/01/2008 a las 9:41
Las industrias culturales (ICs) son un nicho complicado. Más aun si hablamos de ICs en países en desarrollo. Y peor si lo hacemos de ICs en mercados pequeños de países en desarrollo, o sea en Chile. Por eso es realmente impresionante que en Chile la industria de los netlabels (sellos on-line de distribución gratuita) no sólo esté creciendo, sino que entregue productos de tan alta calidad como Pueblo Nuevo, música chilena de raíz electrónica, o música electrónica de raíz chilena. Pero antes de entrar en los natlabel chilenos y en Pueblo Nuevo, algunos antecedentes sobre las ICs.
  • Las ICs están conformadas por el cine, la televisión, la música, la industria editorial, las artes y los video juegos, y son parte de las llamadas ?industrias creativas', categoría más amplia que incluye al diseño, la arquitectura, la publicidad, el turismo cultural, la moda, etc.
  • Las ICs -sobre todo aquellas dedicadas a nichos de frontera- dependen fuertemente de las economías de escala, y esto tanto para la demanda como para la oferta. Por el lado de la demanda el tema es bien conocido: las ICs, sobre todo aquellas dedicadas a la producción de vanguardia, precisan para sobrevivir de un mercado lo suficientemente grande en cifras absolutas como para que el consumo cultural logre, al menos, pagar los costos de los agentes que lo producen. Eso de "ampliar el mercado" (La Ley/Pánico instalándose en México/París) responde en parte a esto.
  • Pero la instalación de Pánico en París también responde a que las economías de escala son claves para las ICs desde la perspectiva de la oferta (y aquí ya entramos en lo que se llaman las economías de urbanización). Para una industria cultural, estar localizada en un lugar donde hayan varias (ojala muchas) industrias culturales es muy beneficioso. Esto no sólo porque de la co-localización nace la competencia y la colaboración y la imitación y los circuítos virtuosos, sino también por la estructura winner-gets-all de las ICs. Pongamos un ejemplo. En una industria tradicional (digamos fabricación de refrigeradores), cuando después de años de intentos/errores alguien le da en el clavo (digamos incorporar el freezer), toda la industria sale ganando, no sólo la empresa pionera: el beneficio de la innovación se distribuye. Pero no es así con las ICs. Se requiere que en un momento y en un lugar dado haya cientos de artistas trabajando y colaborando y compitiendo para que de todos ellos, de todos esos esfuerzos, éxitos y fracasos, salga un y sólo un Warhol y se lo lleve todo: sin la efervescencia e intensidad creativa de Nueva York de los 60s Warhol nunca hubiese existido, pero ninguno de su congéneres, por más que su trabajo hubiese sido extremadamente similar al de él o que haya contribuido inspirando su obra, pudo participar de su éxito, o al menos al modo en que todos los fabricantes de refris participaron del éxito del freezer.
Todo lo anterior hace pensar que Chile es un mercado extremadamente poco atractivo para las ICs: el mercado es chico, hay poco consumo cultural y por lo tanto no existe la masa crítica necesaria para que salgan innovaciones ?que la rompan', y menos en un sector como el discográfico que pierde el 17% de sus ventas al año. Pero los netlabels, lejos de reducirse, siguen creciendo en Chile. Hay varios de ellos que son dignos de celebrar (ya escribí en Enjambre algo sobre Jacobino Discos), pero en este post quiero dedicarlo a uno de los sellos más creativos, serios y  prolíficos de la escena electrónica-experimental: Pueblo Nuevo. Pueblo Nuevo (PN) nace hace 3 años de la iniciativa de Daniel Jeff y Mika Martini. A la fecha PN ha producido cerca de 25 trabajos, casi todos descargables gratuitamente. El cuidado en cada producción, desde el arte de las carátulas hasta la organización de la tocata de lanzamiento, es total. O sea no estamos ante unos tipos que suben los mp3s de los amigos, sino ante un verdadero sello discográfico. La variedad de su catálogo de PN no es menor. Su comunidad la componen proyectos experimentales y algunos derechamente doctos (como el trabajo de Federico Schumacher, la compilación sobre música electroacústica chilena o las exploraciones etnomusicales de José Perez de Arce) pero también realizaciones más orientadas al dancefloor. Como el mismo Mika me decía, la única condición es que el trabajo sea de calidad y que se vea un compromiso detrás del autor. A PN le llegan entre 4 y 6 trabajos al mes (aceptan generalmente a uno) y en promedio sus discos son bajados mil veces al mes. Es notable también la organización de PN. Su página web funciona, se actualiza constantemente y es de calidad. Al menos dos veces al mes PN gestiona tocatas y eventos, que van desde (Leer más)

¿Hay vida fuera de Silicon Valley?

Enviado por manuel tironi el 24/12/2007 a las 9:25
El excelente post de Evan me dejó pensando en varias cosas. Una de ellas -la que quiero compartir acá- es una hipótesis descabellada, una idea peregrina sin mucho asidero técnico pero que, de alguna manera, sintoniza con lo que he venido pregonando en estos últimos posts (a saber, la necesidad de anclar la innovación, en nuestro país, en un sustrato que nos haga sentido y que capture nuestra forma única e irrepetible de innovar: que capture nuestro excepcionalismo).   Pongo esta idea en forma de pregunta: ¿y qué pasaría si nos olvidamos de Silicon Valley y de Cisco y de HP y de la industria de la alta tecnología y de sus venture capitals? Lo que quiero decir es lo siguiente: para Silicon Valley Sudamérica no existe, no nos conocen y, ergo, no confían en nosotros. Entendible y preocupante. Es urgente, como dice Evan, cambiar esta percepción. Y comparto con él que hay acciones rápidas y fáciles que pueden ser tomadas para detonar este cambio (como, por de pronto, invitar a los VCs a que vengan  a Chile y conozcan sus bondades). Pero creo que ante esta situación también sería saludable pensar en un Plan B, un plan en el cual no todos nuestros huevos estén colocados en la canasta de la tecnología, una canasta en la cual, por lo demás, no tenemos ninguna ventaja competitiva. O sea la pregunta es la siguiente: ¿hay otras maneras de ser 'innovador' y de capitalizar la innovación para el desarrollo del país que no pasen necesariamente por la industria tecnológica? ¿Hay otras posibilidades de negocios fuera del mundo hi-tech? ¿Hay vida fuera del Silicon Valley?  Mi respuesta intuitiva es sí, de todas maneras, absolutamente, totally. Es más, tengo la impresión que seria un error basar nuestra estrategia de innovación en la industria tecnológica. Mi sensación -y disculpen por este determinismo cultural- es que ese no es el campo que más nos acomoda: la industria de la tecnología y los VCs están mejor sintonizados con un tipo económico-cultural más agresivo, rápido y, de alguna manera, corto-placista (no por nada esta industria pivota sobre USA, paradigma de este modelo). Cuando pienso en innovación en Chile se me vienen a la cabeza un montón de casos de alta creatividad y con un potencial de crecimiento e internacionalización tremendo, pero ninguno en el ámbito de la tecnología pura y dura. Por ejemplo pienso en:
  • Pedro Ibañez y sus hoteles Explora y, en general, el boom del turismo boutique que está creciendo tremendamente en Chile y que debería seguir haciéndolo (por eso NO a la represa en la Patagonia!).
  • Los salmoneros, que si bien van a tener que hacerse cargo de la cochinada que están dejando en las aguas de Coyahique y Aysén, merecen mi respeto por lo que han logrado.
  • La industria de la palta: ojo que está proyectado que Chile supere a México en pocos años como primer productor mundial.
  • Los científicos, desde la investigación basica del CECS de Bunster hasta las exploraciones aplicadas en biotecnología de Valenzuela.
  • La industria vitivinícola que ha hecho maravillas y que, a mi parecer, aún tiene mucho que hacer, sobre todo en lo que respecta a potenciar y marketinear sus terroires, o sea a vincular la industría vitivinícola con el turismo y el city/region marketing.
  • La educación superior chilena: la P. Universidad Católica puede perfectamente aspirar a ser la mejor universidad latinoamercana (y la U. de Chile también si se somete a una re-ingeniería).
  • El offshoring de servicios terciarios avanzados, o sea el offshoring de capital humano e inteligencia profesional aplicada en el campo de las finanzas, la economía, la arquitectura y el public management.
No se trata de un either/or: Chile tiene que ser capaz de ganarse la confianza de los VCs y potenciar su industria tecnológica: es una necesidad y una obligación si Chile quiere dar un salto cualitativo en su capacidad innovadora. Pero sería un error clausurarse en ese nicho: hay creatividad y oportunidades de negocios en otras áreas -áreas en las que, probablemente, podemos sacarle más punta a nuestra identidad y cultura. Muy feliz NAVIDAD! Desde Quintay, m (Leer más)

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