Hoy tenemos a otro (gran) ?artista invitado': Juan Pablo Cáceres, egresado de ingeniería civil y composición musical de la PUC y doctorando en Computer Music en el Center for Computer Research in Music and Acoustics (CCRMA) de Stanford University. Juan Pablo es parte activa de SoundWIRE, una iniciativa 'concerned with the use of Internet networks as an extension to computer music performance, composition and research
.' Lo que está haciendo SoundWIRE es alucinante, porque rompe con los parámetros de tiempo/espacio con los que comunmente se asocia la actividad musical. Y en sintonía con la ?semana de la web 2.0', las posibilidades que se abren con las exploraciones de SoundWIRE son enormes. Pero dejo al propio Juan Pablo que lo explique: El siglo XX trajo consigo cambios radicales en la forma en que se transmite y recibe la música. Sin embargo, el ensayo y la ejecución de las agrupaciones musicales, y cómo la música es escuchada, han permanecido intactos. Los músicos aun tocan ?en el mismo espacio'. La audiencia aun escucha en 'una' sala de conciertos o de una grabación. El desarrollo de escenas o estilos musicales también está generalmente asociado a ciudades o barrios.
Posts en este mismo sitio han comentado la relación existente entre espacios comunitarios (barrios, comunas, zonas geográficas) y la creación/innovación musical. Las nuevas escenas musicales, como la mayoría de las que han surgido en Chile en los últimos años, se ven fuertemente influenciadas por la disponibilidad on-line de música proveniente de todo el mundo, y sin el retraso de años como ocurría antes. Por ejemplo, fenómenos como la llegada del Rave a Chile a principios de los 90, en la que hubo que esperar a que músicos de origen chileno (erradicados en Alemania, post-dictadura militar) ?trajeran' la escena techno, difícilmente tendrían sentido hoy en día. Y una extensión natural de esta disponibilidad on-line es el uso de tecnologías que no sólo permiten ?saber' qué está sucediendo en otros lugares, sino que además permiten tocar junto a músicos que están a distancia de países y hasta de continentes en ?tiempo real'. Nuestro grupo de investigación
SoundWIRE en el Center for Computer Research in Music and Acoustics (
CCRMA, pronunciado 'KARMA', Stanford), usa la red (en este caso las redes de alta velocidad como
Internet2) como una plataforma en la que la práctica musical se extiende a diferentes zonas geográficas. Se usa Internet como un ?cable de audio' que conecta 2 o más locaciones, y permite que los músicos interactúen en tiempo real,
casi como si estuvieran en la misma habitación. Esto se hace enviando la información de audio (a través de un
software), lo más rápido posible y sin comprimir (es decir, con una calidad de audio igual o mejor que un CD) hasta los distintos sitios. Lo que demora en llegar la señal en estos días es, por ejemplo, 50 mili segundos entre Stanford (San Francisco) y Nueva York, o 120 mili segundos entre Stanford y Belfast (Irlanda). Este retraso que parece mínimo, es uno de los grandes problemas actuales con que se enfrentan los músicos. 1 mili segundo equivale a aproximadamente 30 centímetros de separación (es decir el sonido demora 1 mili segundo en recorrer 30 centímetros). Por lo que el retraso con Belfast equivale a músicos separados por aproximadamente 36 metros, una distancia nada despreciable. Más allá de las consideraciones técnicas, lo interesante es que músicos ya están utilizando activamente estas tecnologías. Ya se pueden hacer conciertos simultáneos, en cuatro lugares distintos y con cuatro audiencias. Un ejemplo es el concierto simultáneo realizado por nuestro grupo en marzo pasado entre Stanford, Chicago, Santa Barbara, y Nueva York, con público en cada una de las ciudades. Hay también proyectos de orden ambiental como
Locustream, en los que se puede escuchar sonidos ambiente de distintos lugares del mundo, material que también se puede utilizar para la creación de instalaciones o conciertos.
Concierto Simultáneo '100 Meeting Places': Stanford (arriba izquierda), Chicago (arriba derecha), Nueva York (abajo derecha) y Santa Barbara (abajo izquierda). Si bien estas tecnologías son incipientes y aún están en estado experimental, es sólo cosa de tiempo para que sean accesibles. Entre ellas están la enseñanza remota, estudios de grabación remotos (una sala con una acústica envidiable está en un lugar mientras en otro están las consolas), utilización en tiempo real de una cámara de reverberación remota, donde se envía audio a una sala remota y se captura la reverberación. El próximo semestre se realizará un curso simultáneo entre Stanford y Rensselaer Polytechnic Institute en Nueva York (con un ensamble dirigido por
Pauline Oliveros) en el que semanalmente agrupaciones de instrumentación abierta en ambas universidad ensayarán con estas tecnologías. La red misma puede ser usada como
un instrumento o como un medio acústico. Ya existen también algunas aplicaciones comerciales como
eJamming.
Concierto en Swissnex San Francisco, con reverberación en tiempo real en una cámara acústica en CCRMA. Las implicancias sociales de cómo estas nuevas tecnologías afectarán la forma como se hace y recibe la música aún están totalmente abiertas. El tipo de música que surgirá está por verse. Pero es claro que las clasificaciones tradicionales de espacios serán afectadas, así como los roles de músicos y auditores. Asociaciones transculturales de instrumentistas que nunca se han visto y que tampoco comparten culturas similares pueden producir una de las músicas más interesantes de las próximas décadas. Para países como Chile esto puede tener un impacto profundo en una sociedad con una identidad cultural a la vez rica, pero también heredera de un aislamiento histórico. Se piensa que el "instinto musical" es un elemento aún más básico que el lenguaje en el ser humano. Las nuevas redes que este tipo de colaboración ayudan a acercar culturas y a entenderlas, elemento esencial, a mi juicio, de una educación para el siglo XXI.
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