Warning: call_user_func_array() [function.call-user-func-array]: First argument is expected to be a valid callback, 'wlwmanifest_link' was given in /home/plataformo/enjambre.org/wp-includes/plugin.php on line 160
Es cierto: mi experiencia con los video-juegos se limita a las innumerables tardes que pasé jugando Pong o Combat en mi Atari 2600, a al Mario Bros que se jugaba en un portátil de Nintendo a dos ventanas. Es decir: soy un viejo.
Y claro, desde esa perspectiva todo lo que se comenta actualmente sobre cómo los video-juegos pueden impactar el mundo del conocimiento, el training, la educación, el marketing, etc. me parecía un asunto entretenido y modernillo, pero finalmente no había tenido jamás la experiencia corporal de apreciar su enorme potencial en todas estas áreas. Pero hace un par de semanas junto a nuestro mentor-sanei-splinter Maese Triky, tuve mi primera epifanía frente al monitor: Guitar Hero.
El viernes pasado, a los 76 años de edad, falleció el premio nacional de música, Fernando Rozas. Como fundador de la Radio Beethoven, de la Fundación del mismo nombre y director de la Orquesta de Cámara de Chile, nos entregó innumerables momentos de belleza y alegría en torno al viejo rito de la música. Al mismo tiempo, como impulsor del programa de Orquestas Juveniles de Chile, nos mostró que es posible innovar en el sistema educativo incluso a través de antiguas prácticas humanas. Las Orquestas Juveniles de Chile demuestran que, no importa el medio, es posible y necesario realizar proyectos que favorezcan el desarrollo personal y social de los niños. El sábado, en sus funerales, un grupo de más de 70 jovenes interpretó algunas piezas clásicas para despedirlo. Fue emocionante ver sus rostros agradecidos y nos sirvió para reflexionar sobre la obra de Rozas y la necesidad de apoyar su desarrollo.
El objetivo del programa Orquestas Juveniles es promover la creación de orquestas en las escuelas del país entregando medios materiales y humanos para la enseñanza de dicho objetivo. Inicialmente, en 1992, el proyecto comenzó con 9 orquestas, llegando este año 2007 a contar con 230 orquestas juveniles bajo su apoyo a lo largo del país. Actualmente, más de 10.000 alumnos participan anualmente en ellas.
La fundación que apoya las orquestas juveniles, de la cual Fernando Rozas fuera su director ejecutivo, realiza una serie de actividades para capacitar maestros y enseñar a los alumnos. Entre ellas cabe destacar la realización de cursos de perfeccionamiento para maestros (anualmente 12 maestros de excelencia viajan a regiones a capacitar a los profesores locales); seminarios de capacitación en todos los instrumentos sinfónicos, además de dirección orquestal y gestión cultural; fondos concursables; encuentros nacionales; y acceso a un gran archivo de partituras y métodos de estudio. Además realiza intercambios de docentes y alumnos con academias de orquestas internacionales en Alemania, Brasil, Estados Unidos y Venezuela.
Fernando Rozas fue un ejemplo de amor y entrega por la música y las personas. Con su austero y discreto ejemplo nos mostró que se puede innovar saliendo de las prácticas tradicionales que impone el currículum. Los niños son capaces de utilizar instrumentos complejos que requieren de cuidadoso entrenamiento. Rozas nos confirmó que los niños tienen el entusiasmo y el talento…. Sólo necesitan los instrumentos y, más importante, maestros.
Es posible soñar, innovar y realizar proyectos que tengan como protagonistas a los niños y su educación. Ellos están esperandonos…. En sus nombres, Enjambre agradece a Fernando Rozas la vida y trabajo que les dedicó.
Farellones
Muchas gracias a Juan Eduardo Ibáñez por la propuesta y participación en la escritura de este post.
En un post anterior les contaba sobre las potencialidades que podría tener una plataforma donde estudiantes pudieran aprender a hacer música en su browser - lo que implica irremediablemente desentrañar sus misterios, crackear su lógica-, utilizando herramientas modulares interconectables, para luego dejar disponible al resto de la comunidad tanto sus composiciones como configuraciones de módulos propias (instrumentos nuevos, enchulados y remixados de otros instrumentos de la comunidad). Las posibilidades serían enormes: un receptáculo millones de estudiantes-freaks-amateurs-profesores colaborando, intercambiando y creando, usando herramientas intuitivas y homogéneas.
Le he seguido dando vuelta al asunto y si bien existen sistemas de creación de sonidos en código abierto (Csound) que permiten crear GUIs, o interconectar de manera sencilla instrumentos básicos para crear composiciones complejas (Max/MSP), el asunto aun no llega a un punto de unificación, usabilidad y gratuidad como para masificarlos.
Si bien este es un tema que no he investigado en profundidad, desde hace un tiempo a esta parte una serie de fracasos y obsesiones me han mantenido pensando en la música, la educación y la tecnología. Esto es una serie de pensamientos desarticulados que no pretenden ser exhaustivos en dirección alguna.
Por un lado, está el hecho de que la las tecnologías han ido dejando obsoletas ciertas habilidades y develando la necesidad de reforzar otras, y que la forma en que se enseña es básicamente la misma desde hace demasiado tiempo.
Las preguntas son evidentes: en un mundo con casi infinita capacidad de calculo, las matemáticas son un asunto de “number crunching” o un arte al que hay que aproximarse desde la gráfica, el color, la lóginca y el malabar algebraico? Es un ejemplo trivial, pero válido al fin.
Por otro lado están las prácticas sociales de los estudiantes: tan a años luz de las de sus padres y profesores, tan orgánicas en su masividad y tan opacas para quienes envejecemos. La lógica práctica y ética del rip/mix/burn/ viene ya casi en el código genético de los estudiantes con acceso a tecnología y suena como la pérdida de una gran oportunidad el no incorporarlas en la forma en que aprendemos, promoviendo la colaboración y el trabajo acumulativo en comunidad.
Recuerdo haber intentado aprender a escribir música muchas veces en mi vida. Recuerdo haber fracasado en todas.
Hace unos meses me encontré con esta aplicación- muy simple aun- pero que deja en claro las posibilidades de lo que se puede hacer con una interfaz web y el sonido.
(seleccionando cuadrados, se puede secuenciar sonidos en 5 pistas independientes)
De la mezcla de todo lo anterior me imagino de niño jugando a construir ruidos, patterns y texturas sonoras y a ponerlos en una línea de tiempo (algo idénticamente igual a crear música entendida en su sentido más contemporáneo). Todo a partir de módulos básicos interconectables (como un leggo sonoro) y “compartibles” con otros miles de niños igualmente frustrados con la flauta dulce. Muy al estilo YahooPipes o GoogleMashup.
rip/mix/burn+share = learn
Independiente de la ingenuidad de mi acercamiento a una tarea colosal como es re-pensar la forma en que se enseña música, considerando que como país ya tenemos algunos antecedentes innovadores en el campo que datan desde los 60’s y que lo primero que se cae en un recorte presupuestario son las clases de música, cabe soñar con que las cosas fuesen distintas.