
Como aventuraba en la
primera parte de este post, no parece descabellado pensar en San Miguel (SM) como el milieu de la experimentación sonora en Santiago. A simple vista la escena sanmiguelina puede parecer un mero grupo de amigos haciendo cosas entre ellos, lo que de alguna manera lo es, pero esta conclusión no dejaría ver la importancia de este grupo en la escena independiente nacional. Tampoco sería justa con un hecho gravitante: por alguna razón esta efervescencia creativa tiene su núcleo en SM. En esta segunda tanda quiero precisamente indagar sobre esta pregunta: ¿por qué esta explosión de innovación nace y tiene su centro de operaciones en SM? La respuesta, no muy brillante por lo demás, es que SM crea un ?buzz', una cultura local que incentiva la producción de innovación, en este caso musical-artística. Los factores que explican esta cultural local son varios y muchos de ellos, por lo demás, son inmensurables. De todas formas acá van algunas hipótesis.
Identidad urbana y patrimonio. SM es probablemente un de los barrios con mayor identidad urbana y con una de las historias sociales más ricas de la ciudad. SM es por antonomasia la comuna de la clase media laica y republicana santiaguina, comuna ilustrada y fuertemente ligada a los cuadros estatales y técnico-profesionales. Su paisaje urbano es fiel representante de esta identidad, caracterizado por sus fachadas continuas, sus calles frondosas y por una intensa vida de barrio. De hecho, algunos de los barrios de la comuna son patrimonio ya no sólo de SM sino del país en su totalidad, como el Llano Subercaseaux, Franklin y Bío-Bío. Estos lugares son patrimonios sociales de Santiago, son lugares donde se condensa -y materializa urbanamente- la identidad local y una rica historia social. De hecho, los vecinos de SM se han organizado para
resistir la agresiva inversión inmobiliaria que amenaza con destruir la identidad barrial de SM.
Espacios de soporte e institucionalidades ?incrustadas'. Si bien no es posible decir que SM cuente con una red organizacional e institucional formalmente constituida que promueva la creación artístico-cultural, sí existen espacios -muchos de ellos temporales, liminales o indirectos- que operan como plataformas productivas. Dos espacios claves en esta dirección son el
Liceo Miguel León Prado y el
Colegio Claretiano. Estos dos establecimientos educacionales son las verdaderas incubadoras de la escena de música independiente de SM. En entrevistas que he realizado con sus participantes, aparecen los festivales artísticos de cada colegio, las clases de música que se imparten en ellos y, obviamente, la competitividad que existen entre ambos, como momentos claves en la formación de un conocimiento musical formal pero, sobre todo, en la creación de un circuito local en base al intercambio de música, a la formación de bandas y a las tocatas.
Centralidad y accesibilidad. SM, además, se encuentra en una posición territorial inmejorable dentro del contexto urbano de Santiago. Alimentada por el Metro y por al menos tres ejes viales principales -Gran Avenida, Santa Rosa y la Autopista Norte-sur- SM es una comuna de alta centralidad. No es casual, por esta razón, el
boom inmobiliario que está vivienda la comuna.
Deterioro urbano. Pero SM, a pesar de su centralidad geográfica y de su importancia social e histórica, siempre ha vivido una posición secundaria, sino derechamente marginal, en el contexto urbano de Santiago. Si bien la comuna vive un importante desarrollo inmobiliario en algunos sectores de ella (principalmente en el eje de Gran Avenida), SM es una comuna que experimenta un fuerte deterioro por su despoblamiento relativo y por el declive que ha experimentado su cordón industrial. El Zanjón de la Aguada, ahora remozado y convertido en un parque, también fue por mucho tiempo una fuente de empobrecimiento urbano. Además, SM se encuentra flanqueado por algunas de las comunas más pobres de la ciudad, como Lo Espejo, San Joaquín y San Ramón.
Hibridez y ciudad noir. Sin embargo, este deterioro urbano, como en el caso de muchos milieus artísticos, le otorga a SM un aura de autenticidad e hibridez espacio-cultural que pocas comunas de Santiago pueden ofrecer -y que es altamente apetecido por los innovadores urbanos/culturales. SM es un barrio complejo, lo suficientemente alejado -física y simbólicamente- del poder económico, político y cultural de la ciudad como para ser parte del
establishment -condición
sine qua non para la formación orgánica de cualquier cluster bohemio-, pero con una identidad histórica y urbana demasiado fuerte como para ser confundido con otro barrio en declive -o en transición- de la ciudad. Lo que interesa recalcar con todo esto es que las características sociales, paisajísticas y culturales de SM calzan con las de otros clusters culturales urbanos (ver Ley 2003, Lloyd 2002 y 2006, Markusen y King 2005, Tironi 2007). Si se revisan los casos de Wedding y Prenzlauer Berg en Berlín, Williamsburg en Nueva York, Wicker Park en Chicago, Poblenou en Barcelona o Shortditch en Londres, nos encontraremos con los mismos elementos: barrios degradados pero con una fuerte identidad urbana; marginales en términos del
mainstream económico y social pero muy centrales en relación a la ciudad; entidades territoriales abundantes en capital social y en sistemas -formales e informales- de soporte productivo; barrios ricos en patrimonio y diversidad social y que viven el límite del conflicto y la crisis. No se quiere comparar a SM con ninguno de estos barrios, ni mucho menos insinuar que SM debería
convertirse en uno de ellos, sino que recalcar un hecho clave: hay algo en este tipo de barrios, en estos espacios que no han sido domesticados (aún) por las máquinas inmobiliarias, comerciales y políticas que los hace caldo de cultivo para la explosión de innovación y creatividad. Es plausible pensar, entonces, que no es casual que en SM haya surgido un escena de música experimental: SM le otorga las condiciones de milieu que otros sectores de la ciudad no poseen. Lo interesante es que esta escena refuerza la identidad urbana y cultural de SM, lo que a su vez vuelve a la comuna más atractiva para innovadores urbanos/culturales. Es decir que las 'untraded interdependencies' del sistema (la escena) y del entorno (SM) se traspasan en un loop de ida-y-vuelta (Storper 1997), generando lo que Florida (1995) llama una 'learning region' (en este caso 'learning neighborhood').
Para cerrar este post, creo que todo lo anterior también es un llamado de atención para nuestros urbanistas y policy-makers, que a veces se obstinan en pensar la innovación y creatividad como un set de resultados medibles y comparables, olvidándose de
cómo se logran estos frutos. Y lo que es peor, olvidándose de que la incubación de innovación es siempre reactiva a la ingeniería social, a la modelación cultural y a la intervención paisajística ?desde arriba'.
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