Innovación sonora, cultura local: la escena de música independiente de San Miguel (2da entrega)

Enviado por manuel tironi el 31/08/2007 a las 22:39
1188613831_bio_biocollage2.jpg  Como aventuraba en la primera parte de este post, no parece descabellado pensar en San Miguel (SM) como el milieu de la experimentación sonora en Santiago. A simple vista la escena sanmiguelina puede parecer un mero grupo de amigos haciendo cosas entre ellos, lo que de alguna manera lo es, pero esta conclusión no dejaría ver la importancia de este grupo en la escena independiente nacional. Tampoco sería justa con un hecho gravitante: por alguna razón esta efervescencia creativa tiene su núcleo en SM. En esta segunda tanda quiero precisamente indagar sobre esta pregunta: ¿por qué esta explosión de innovación nace y tiene su centro de operaciones en SM? La respuesta, no muy brillante por lo demás, es que SM crea un ?buzz', una cultura local que incentiva la producción de innovación, en este caso musical-artística. Los factores que explican esta cultural local son varios y muchos de ellos, por lo demás, son inmensurables. De todas formas acá van algunas hipótesis. Identidad urbana y patrimonio. SM es probablemente un de los barrios con mayor identidad urbana y con una de las historias sociales más ricas de la ciudad. SM es por antonomasia la comuna de la clase media laica y republicana santiaguina, comuna ilustrada y fuertemente ligada a los cuadros estatales y técnico-profesionales. Su paisaje urbano es fiel representante de esta identidad, caracterizado por sus fachadas continuas, sus calles frondosas y por una intensa vida de barrio. De hecho, algunos de los barrios de la comuna son patrimonio ya no sólo de SM sino del país en su totalidad, como el Llano Subercaseaux, Franklin y Bío-Bío. Estos lugares son patrimonios sociales de Santiago, son lugares donde se condensa -y materializa urbanamente- la identidad local y una rica historia social. De hecho, los vecinos de SM se han organizado para resistir la agresiva inversión inmobiliaria que amenaza con destruir la identidad barrial de SM. Espacios de soporte e institucionalidades ?incrustadas'. Si bien no es posible decir que SM cuente con una red organizacional e institucional formalmente constituida que promueva la creación artístico-cultural, sí existen espacios -muchos de ellos temporales, liminales o indirectos- que operan como plataformas productivas. Dos espacios claves en esta dirección son el Liceo Miguel León Prado y el Colegio Claretiano. Estos dos establecimientos educacionales son las verdaderas incubadoras de la escena de música independiente de SM. En entrevistas que he realizado con sus participantes, aparecen los festivales artísticos de cada colegio, las clases de música que se imparten en ellos y, obviamente, la competitividad que existen entre ambos, como momentos claves en la formación de un conocimiento musical formal pero, sobre todo, en la creación de un circuito local en base al intercambio de música, a la formación de bandas y a las tocatas. Centralidad y accesibilidad. SM, además, se encuentra en una posición territorial inmejorable dentro del contexto urbano de Santiago. Alimentada por el Metro y por al menos tres ejes viales principales -Gran Avenida, Santa Rosa y la Autopista Norte-sur- SM es una comuna de alta centralidad. No es casual, por esta razón, el boom inmobiliario que está vivienda la comuna. Deterioro urbano. Pero SM, a pesar de su centralidad geográfica y de su importancia social e histórica, siempre ha vivido una posición secundaria, sino derechamente marginal, en el contexto urbano de Santiago. Si bien la comuna vive un importante desarrollo inmobiliario en algunos sectores de ella (principalmente en el eje de Gran Avenida), SM es una comuna que experimenta un fuerte deterioro por su despoblamiento relativo y por el declive que ha experimentado su cordón industrial. El Zanjón de la Aguada, ahora remozado y convertido en un parque, también fue por mucho tiempo una fuente de empobrecimiento urbano. Además, SM se encuentra flanqueado por algunas de las comunas más pobres de la ciudad, como Lo Espejo, San Joaquín y San Ramón. Hibridez y ciudad noir. Sin embargo, este deterioro urbano, como en el caso de muchos milieus artísticos, le otorga a SM un aura de autenticidad e hibridez espacio-cultural que pocas comunas de Santiago pueden ofrecer -y que es altamente apetecido por los innovadores urbanos/culturales. SM es un barrio complejo, lo suficientemente alejado -física y simbólicamente- del poder económico, político y cultural de la ciudad como para ser parte del establishment -condición sine qua non para la formación orgánica de cualquier cluster bohemio-, pero con una identidad histórica y urbana demasiado fuerte como para ser confundido con otro barrio en declive -o en transición- de la ciudad. Lo que interesa recalcar con todo esto es que las características sociales, paisajísticas y culturales de SM calzan con las de otros clusters culturales urbanos (ver Ley 2003, Lloyd 2002 y 2006, Markusen y King 2005, Tironi 2007). Si se revisan los casos de Wedding y Prenzlauer Berg en Berlín, Williamsburg en Nueva York, Wicker Park en Chicago, Poblenou en Barcelona o Shortditch en Londres, nos encontraremos con los mismos elementos: barrios degradados pero con una fuerte identidad urbana; marginales en términos del mainstream económico y social pero muy centrales en relación a la ciudad; entidades territoriales abundantes en capital social y en sistemas -formales e informales- de soporte productivo; barrios ricos en patrimonio y diversidad social y que viven el límite del conflicto y la crisis. No se quiere comparar a SM con ninguno de estos barrios, ni mucho menos insinuar que SM debería convertirse en uno de ellos, sino que recalcar un hecho clave: hay algo en este tipo de barrios, en estos espacios que no han sido domesticados (aún) por las máquinas inmobiliarias, comerciales y políticas que los hace caldo de cultivo para la explosión de innovación y creatividad. Es plausible pensar, entonces, que no es casual que en SM haya surgido un escena de música experimental: SM le otorga las condiciones de milieu que otros sectores de la ciudad no poseen. Lo interesante es que esta escena refuerza la identidad urbana y cultural de SM, lo que a su vez vuelve a la comuna más atractiva para innovadores urbanos/culturales. Es decir que las 'untraded interdependencies' del sistema (la escena) y del entorno (SM) se traspasan en un loop de ida-y-vuelta (Storper 1997), generando lo que Florida (1995) llama una 'learning region' (en este caso 'learning neighborhood').  1188614214_esquemamilieu_sm3.jpg Para cerrar este post, creo que todo lo anterior también es un llamado de atención para nuestros urbanistas y policy-makers, que a veces se obstinan en pensar la innovación y creatividad como un set de resultados medibles y comparables, olvidándose de cómo se logran estos frutos. Y lo que es peor, olvidándose de que la incubación de innovación es siempre reactiva a la ingeniería social, a la modelación cultural y a la intervención paisajística ?desde arriba'. (Leer más)

El lugar de la innovación.

Enviado por manuel tironi el 21/07/2007 a las 14:49

 

La innovación depende de muchos factores. Educación, cultura emprendedora, infraestructura, tecnología, capital de riesgo, creatividad, I+D, universidades y gobiernos son algunos de ellos. Pero, ¿y el territorio? ¿Es el territorio un catalizador de la innovación o de sus requisitos? ¿Qué rol juega el espacio en la incubación y difusión de la innovación?

Estas preguntas rondan los departamentos de economía, geografía y urbanismo (y últimamente de antropología, management, ciencias cognitivas) al menos desde fines del siglo XIX. Y la respuesta, con todo el peso de la evidencia acumulada, es contundente: sí, el territorio importa ?y mucho- a la hora de producir innovación.

En cien años de investigación las aproximaciones al tema han sido muchas y diversas, desde las primeras teorías sobre los clusters hasta las últimas nociones de la ciudad creativa ?pasando por la teoría de los milieus innovadores y la learning region. Todas, sin embargo, han reforzado la certeza de que la innovación requiere de un lugar para formarse y desplegarse. Hagamos un paneo rápido sobre algunas ideas claves. La proximidad espacial de agentes económicos crea las condiciones idóneas para que la innovación nazca y fluya. La concentración espacial facilita el feedback de información, la imitación virtuosa, la especialización productiva y la competencia, así como la distribución de costos, las economías de escala y la formación de mercados laborales especializados compartidos. Sin embargo, el territorio no es sólo una delimitación física que fuerza la aglomeración. El territorio es un complejo sistema compuesto por culturas locales, instituciones, sistemas de valores y agentes de diverso tipo. Esta es la idea de milieu: la innovación no emerge de la pura proximidad espacial entre las empresas, sino del entorno del cual esta aglomeración es parte. Y este entorno está formado por un ensamblaje único entre productividad, identidad, especialización, historia, arquitecturas políticas y paisaje. Un ejemplo clásico es la idea de ?buzz? o ?atmósfera? industrial. El ?buzz? es ese murmullo etéreo e intangible que guía el quehacer de las empresas y que está formado por un mix entre conocimiento tácito, rumores, relaciones informales y saber técnico. Este ?buzz? ha demostrado ser fundamental para que la competencia dentro de un cluster o distrito no termine en fratricidio sino que, por el contrario, devenga cooperación, complementariedad y, finalmente, innovación. Lo interesante es que este ?murmullo? no es capital de una firma, ni tampoco del cluster del que ésta forma parte, sino que del delicado e irrepetible entramado que el cluster establece con el espacio local en el que se asienta: esta atmósfera se cocina a fuego lento y si bien las empresas son un ingrediente esencial, sin los aportes del contexto espacial general el potaje no logra su consistencia necesaria. Varios estudios han mostrado que el ?buzz? se pierde por completo cuando un cluster se relocaliza (incluso cuando lo hacen todas sus firmas), y ya es famoso el rol jugado por la ?cultura californiana? en las dinámicas que hacen de Silicon Valley lo que es (un lugar muy distinto al, por ejemplo, conglomerado hi-tech sobre la Route 128 en Massachussets). Aquí las enseñanzas son varias. Primero, que el territorio ?léase la región, la ciudad, la comuna, el distrito- es efectivamente un factor a tomar en cuenta a la hora de pensar cómo generar innovación. Segundo, que la innovación no se manufactura, sino que está anclada en un complejo sistema local. O, lo que es lo mismo, la innovación no es sólo una cosa de futuro, sino también de memoria, identidad y patrimonio (social, cultural y físico). Y tercero, no existe ?la? innovación, sino que innovaciones en plural, y que antes de intentar replicar lo sucedido en Baden-Baden, el Randstad o Emilia-Romagna, nuestros policy-makers mejor harían buscando en sus propios territorios los recursos endógenos para crear innovación, nuestra propia innovación, la única innovación posible.
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