
A raíz de mi
post anterior, varios comentarios se preguntaban por la ciudad chilena que cumplía con las condiciones óptimas para convertirse en un milieu innovador. Hay varias, pero creo que es necesario dejar de entender los modelos de innovación territorial como mega-iniciativas que involucran grandes extensiones geográficas y que se estructuran en torno a sectores relativamente convencionales. A contramano, considero indispensable fijarse en las dinámicas que suceden en escalas urbanas más pequeñas y en sectores económicos menos tradicionales. En lo que sigue intentaré delinear lo que a mi juicio es uno de los fenómenos de innovación más potentes sucediendo hoy en Santiago de Chile: la emergencia de la comuna de San Miguel (SM) como el cluster de la música experimental en nuestra ciudad. Dada la magnitud de la empresa, la dividiré en dos tandas. En esta primera me concentraré en describir las economías de aglomeración que se producen en SM, indicando sus múltiples ecologías, extensiones,
communities of practice y redes colaborativas. En la segunda, ya para el próximo post, especularé sobre el rol que juega el espacio geo-cultural en la formación de estos procesos.
Folknoisepostrockelectroacústicopopero: revisitando el indie. En los últimos cinco años ha surgido una nueva camada de bandas independientes que no respetan las clasificaciones tradicionales y que construyen su identidad musical precisamente remezclando, en diferentes intensidades, el pop, a electrónica, el hiphop, el folclor, el rock, la música experimental y el
do it yourself del punk. En otras palabras, los parámetros estilísticos que guiaban la producción de música independiente explotaron para siempre, y hoy es posible encontrar proyectos "francotiradores": disparan para dónde sea y con cualquier rifle. El resultado es una escena extremadamente dinámica, innovadora y que está reformulando la forma de hacer música alternativa.
Del ruidismo a Violeta: innovación sonora y la escena sanmiguelina. SM es uno de los principales centros creativos de esta nueva generación de proyectos sonoros (un concepto rebuscado pero mucho mejor que el obsoleto "banda" o "grupo"). Esto, en buena parte, porque SM es casa de
Jacobino Discos, un netlabel que acoge a Pablo Flores (vecino de SM, fundador del sello y miembro de El Indio, Ekeko,
Aves de Chile,
Namm), Sebastián Sampieri (compañero de colegio de Flores, vecino de SM e integrante de El Indio, Ekeko, Farabeuf, Aves de Chile,
Les Chicci),
Gepe (vecino de Flores y Sampieri y baterista del extinto Taller Dejao),
Fake Daddy,
Augias Amena,
Fabian Patzak,
Burn Fire Project (integrado por el artista sonoro-visual Francisco Papas Fritas),
Diego Morales (también de
Fredi Michel),
Calostro y
Leonardo Ahumada, entre otros. Lo central es la asombrante ecología de sonoridades y apuestas estéticas que este puñado de artistas representa (y recombina). Aves de Chile y El Indio con su lectura lo-fi del folclor; Namm y su electrónica juguetona; Leonardo Ahumada con su ruidismo ambiental; Gepe revisitando a
Violeta Parra; Les Chicci haciendo experimentos plunderfónicos; Calostro con su guitarra de palo cantando a la Daniel Johnston. Para los no familiarizados con la escena indie actual, estos nombres dicen poco o nada. Pero probablemente no han existido experiencias similares de creatividad musical colectiva desde el Canto Nuevo en los 60s. Nada desdeñable para un país que no es especialmente proclive, se dice, a la innovación.
Menos es más: prácticas colaborativas y learning-by-doing. Los recursos no abundan en Chile, y menos en SM. Pero esta precariedad, sumada a una apuesta artística que celebra el reciclaje y la improvisación, genera riquísimas experiencias de colaboración y feedback. Por ejemplo, muchos de los discos de Jacobino se han grabado en las mismas dependencias del sello, que es la propia casa de Flores y su lugar de ensayo. El mítico
5x5 de Gepe se grabó en casa de éste. Los instrumentos se prestan, transitan de un proyecto a otro, con lo que la tradicional relación entre el músico y "su" instrumento desaparece para dar forma a una apropiación cuasi-comunal de los recursos. Este minimalismo material se traduce en altas dosis de improvisación y en un sano
laissez-faire sonoro. Se toca con lo que se tiene a la mano; si no hay baterías convencionales, se aprende a usar las cajas de ritmo. No hay un guión. La música no es el desenvolvimiento de un programa predefinido y/o la aplicación de un saber técnico, sino que una práctica performativa y un constante aprendizaje situado.
Ecologías de proyectos, arquitecturas temporales y redes. Los proyectos se combinan y recombinan hasta que no se sabe bien cual es la frontera entre uno y otro. Es más, la arquitectura de los proyectos es altamente porosa, flexible, móvil y efímera: todo puede cambiar en cualquier minuto y hay muy pocas barreras de entrada. El resultado es una compleja red productiva no-lineal: Sampieri toca ocasionalmente con Flores en Namm, y ambos son Aves de Chile y fueron por bastante tiempo la banda de apoyo de Gepe. Nawito, de Leonardo Ahumada, Nawito Duo y
Ensamble Majamama, forma junto a Fakuta el
Banco Mundial. Fakuta también es integrante de Golden Baba y
World Musik, éste último junto
Dadalu, otra vecina de SM y parte de
Colectivo Etéreo y
Julia Rose. Fakuta y Nawito son también la banda de soporte del proyecto solista de Dadalu. Todas estas asociaciones están en constante nacimiento, muerte y mutación. La red/porosidad también se extiende hacia fuera. A través de Gepe y Diego Morales, Jacobino se interrelaciona con
Quemasucabeza, histórico sello de los integrantes de
Congelador; y a través de Leonardo Ahumada y Aves de Chile con
Horrible Registros. Junto a la
Productora Mutante (
Colectivo No,
DiAblo, Ojo,
La Golden Acapulco) y
Cumshot Records, uno de los referentes de la escena noise local, Jacobino organiza el FOBIA (Fórmula Básica en Imagen Audio), uno de los festivales claves para entender la escena independiente chilena. Además, ya son frecuentes sus colaboraciones con el colectivo
Pueblo Nuevo dedicado a la música de raíz electrónica.
Jacobino Discos y cosmología indie. Fuente: autor
En suma, SM está que arde. No hay que dejarse engañar por la reducida magnitud de la escena sanmiguelina: es muy pequeña comparada con lo que sucede en otras ciudades del mundo, pero muy significativa en relación al panorama santiaguino. Y lo que es más importante, las experimentaciones sonoras, las arquitecturas organizacionales, las distribuciones de conocimiento, las
untraded interdependencies y los ensamblajes socio-técnicos involucrados en la escena sanmiguelina nos hablan de un fenómeno creativo de marca mayor -y pasando frente a nuestras narices. En el próximo post veremos porqué, de entre todos los lugares de Santiago, esta explosión innovadora pasa en (la República Independiente de) San Miguel.
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