Artículos escritos sobre "sociedad" en otros sitios

Fracaso

Enviado por Andrés Liberman el enero 11, 2008 a las 12:38

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Nuestra discusión nos ha llevado varias veces a argumentar que muchas de las diferencias en resultados observados en los temas que nos interesan en enjambre se pueden rastrear a componentes idiosincráticas propias de nuestra sociedad. Es decir, las diferencias culturales son centrales en los distintos escenarios observados a nivel mundial en cuanto a educación. innovación y creatividad. Es recurrente observar que las culturas "exitosas" en estos temas son por ejemplo culturas que fomentan la lectura, que premian el trabajo y promueven el emprendimiento. Sin embargo, hay un tema que me ha tenido pensando este último tiempo y que tiene que ver con la valoración (o des-valoración, si se quiere) que las diferentes culturas dan al fracaso. Pero antes que eso, creo que es prudente definir a qué me refiero cuando hablo de fracaso. Por fracaso entiendo la no consecución de un objetivo planteado a priori. Por ejemplo, entiendo el fracaso comercial como la no consecución del objetivo de crear y mantener una empresa rentable: la empresa quiebra (excluyo actos dolosos que por su naturaleza implican que alguien tenía un objetivo distinto en mente). Un niño puede fracasar en pasar de curso, una política de gobierno puede fracasar en su aplicación si no cumple su objetivo original. ¿Qué tiene que ver esto con el emprendimiento, la innovación y la creatividad? Desde mi punto de vista, mucho, puesto que los tres conceptos son juegos de fracaso. Un innovador exitoso se va a parar en los hombros de un grupo mucho mayor de innovadores que fracasaron en su objetivo. Un startup exitoso existe al lado de muchisimos más que fracasaron. Gracias a los ilustrativos posts de Evan hemos aprendido cómo funciona el mercado de venture capital, y de cómo se busca el "next home run". Bueno, esos home run va de la mano de innumerables bateos que ni siquiera llegaron a primera base. Sin haber estudiado lo suficiente el tema como para decir algo concluyente, creo que una diferencia entre sociedades en torno al tema del fracaso tiene que ver con el juicio moral que a este se le atacha. Si el fracaso es algo malo per se, quien fracasa queda con el estigma de haber vivido una experiencia condenable, aún cuando muchas veces no sea directamente responsable de ello. Por otro lado, si el fracaso es simplemente una experiencia equivalente al éxito, sin una real superioridad en una escala valórica, quien fracasa puede ser visto como alguien experimentado. Me parece haber una conexión lógica directa entre la valoración al fracaso y la existencia de heterogeneidad en el capital cultural asociado al emprendimiento y la innovación. Conjeturo que una cultura que valora la experiencia de haber fracasado debiese tender a ser menos aversa al riesgo y más creativa y emprendedora. Por el contrario, una cultura que hunde al fracasado y lo rodea de un estigma negativo debiese tender a sociedades que hagan pensar dos veces a quienes se atrevan a ser diferentes. Esta observación es evidentemente normativa: me refiero a como debiese ser, pero la verdad es que no sé cómo es la relación entre la valoración al fracaso y la aversión al riesgo. El principal problema es cómo medir la valoración al fracaso, problema que intuyo debe ser bastante dificil de resolver. Sin embargo, hay evidencia, aunque sea casual, de que los países más innovadores tienden a ser aquellos en que la valoración al fracaso es menor. Pero aunque no sea así, creo que el estigma asociado al fracaso es algo que le hace más mal que bien a una sociedad. Todos vivimos aterrados de descubrir que por alguna razón u otra no fuimos capaces de cumplir con lo que prometimos. Intuyo que en la medida que seamos capaces de aprender y construir sobre el fracaso, a aceptarlo y desmitificarlo y a tomarlo con sabiduría y humor, tenderemos a ser no solamente más creativos e innovadores, sino que en últimos términos, más felices.

Respuesta a mitos y realidades en Finlandia

Enviado por Andrés Liberman el agosto 24, 2007 a las 11:45
1187970248_qp1.jpg La última edición de la Revista Qué Pasa citada por Carlos en su último post trae además un interesante artículo escrito por Eugenio Tironi titulado "Finlandia: mitos, realidades y lecciones". En este, el autor sugiere que, al contrario de la creencia establecida y de lo que yo mencionaba en este post, gran parte del éxito económico de Finlandia en las últimas décadas se debe principalmente a "que, a lo largo de siglos, Finlandia ha creado una sociedad igualitaria, consensualista, abierta al mundo, flexible, cuidadosa de la naturaleza y con un fuerte sentido estético". Existen dos puntos que me preocupan de esta linea argumentativa. El primero tiene que ver con el hecho de que hacia 1950 Finlandia era efectivamente un país relativamente pobre en Europa, y definitivamente el más pobre de los nórdicos. Por ende, si desde hace siglos la cultura finlandesa propiciaba un país que se desarrollara rápida y sostenidamente, ¿por qué no sucedió esto antes? ¿Qué fue lo que cambió hacia esa época que permitió que Finlandia aumentara su tasa de crecimiento drásticamente y pudiera no sólo alcanzar al resto de los países de Europa sino que en muchos casos, superar su nivel de desarrollo? Sin duda que, no solamente la cultura jugó un rol en este despegue. Sería, sin embargo, ingenuo pensar que los factores mencionados por Eugenio no son relevantes. En particular, la cultura finlandesa es por escencia una cultura que fomenta la innovación, premia el tomar riesgos y valora la educación y el respeto a la sociedad. Por ende, todo esto sí influyó en que el país se convirtiera en lo que es hoy, pero hubo otros factores, externos, inducidos a través de políticas públicas coherentes y estrategias de desarrollo inteligentes. El punto anterior me lleva a la segunda razón de mi molestia con el argumento. Si, en efecto, las razones más relevantes para la transformación de Finlandia en uno de los países más competitivos del mundo corresponden a factores culturales que tienen siglos de desarrollo, entonces mi conclusión natural sería que Chile no tiene ninguna alternativa hacia el desarrollo en el corto plazo. Si lo que distinguió el proceso de desarrollo económico de los finlandeses se encuentra en sus genes, su conducta, su sociedad, claramente, eso no lo tenemos ni en Chile ni en muchos de los llamados países emergentes. Por lo tanto, el argumento es en esencia pesimista, que nos lleva a lógicas del estilo, "no podemos pensar en desarrollarnos, superar la pobreza ni ser un país innovador porque nuestra cultura no nos lo permite". Es pensar que el desarrollo económico es "path-dependent", por lo que nuestro "path" nos mantendría inexorablemente en el sub-desarrollo. Mi respuesta es una caricaturización del argumento de Eugenio; indudablemente que nuestra cultura actúa más como una barrera que como un propulsor en nuestro camino hacia el desarrollo, en relación a la de otros países como Finlandia. Pero, desde mi punto de vista, es indudable que sí tenemos las herramientas y los recursos para convertirnos en un país innovador y creativo, que sí se pueden hacer políticas públicas eficaces que otorguen saltos cualitativos y que sí podemos fomentar una sociedad más justa y participativa a través de la acción. Y que para ello, no tendremos que esperar siglos.

Finlandia innova

Enviado por Andrés Liberman el julio 27, 2007 a las 17:39
Siguiendo con la idea del post de Rafa de hace algunos días, es interesante conocer cómo opera el Sistema Nacional de Innovación en Finlandia. Este sistema puede ser efectivamente considerado como una de las razones que explican el éxito económico vivido por ese país desde el año 90 a la fecha (otros factores identificados por la literatura incluyen entre otros la liberalización de mercados financieros, Nokia, y por supuesto, el excelente nivel educacional de los finlandeses). La primera instancia de decisión y control corresponde al Consejo de Ciencia y Tecnología. Presidido por el Primer Ministro, el Consejo asesora al consejo de ministros, máxima instancia administrativa del país, en materias de investigación y tecnología, así como en su utilización práctica y posterior evaluación. Este es responsable del desarrollo estratégico y la coordinación de la política nacional de ciencia y tecnología, como así también del sistema nacional de innovación como un todo. El financiamiento público de investigación a nivel más básico se concentra principalmente a través de la Academia de Finlandia, mientras que la política de innovación tecnológica e industrial se lleva a cabo a través de Tekes, Sitra y VTT. Dejando un poco de lado las ciencias básicas , Tekes es la principal entidad estatal de financiamiento a la investigación y desarrollo en Finlandia. Su misión consiste en proveer de financiamiento a proyectos de innovación tanto a nivel empresa como en instituciones de investigación y universidades, centrándose en proyectos con un alto nivel de riesgo asociado. Tekes cuenta con un financiamiento anual de ?500 millones (¡OJO, 500 millones de EUROS!), y cuenta con 15 sedes en Finlandia y seis sedes internacionales, incluyendo entre otros sedes en Shangai y el Sillicon Valley. Por su parte, Sitra es una institución autónoma, supervisada por el Parlamento Finlandés, que actúa como un fondo de inversión estatal: Sitra se financia anualmente con los retornos de sus inversiones y de su fondo de capitalización. Durante el 2005, Sitra tuvo utilidades por ?46 millones y su capital propio ascendió a ?642 millones. Finalmente, VTT es un centro de investigación del gobierno que opera en colaboración con clientes corporativos en la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías. VTT participó, por ejemplo, en el desarrollo de los estándares de comunicación móvil NMT en los 70s y GSM en los 90s. VTT acumula más de 1,100 patentes y 47,000 publicaciones. Durante 2006, VTT tuvo ventas a terceros por sobre los ?140 millones y aportes estatales por otros ?78 millones. Muchos de los proyectos de VTT son administrados o asesorados por Tekes, la Academia de Finlandia y Sitra.

1185571921_fin_inovacion.bmp Fuente: Memoria anual 2005 Tekes

El universo de empresas, fondos e instituciones asociadas a la innovación y creación incluyen una serie de otras entidades, las que se muestran en el gráfico de arriba. Este resume todos los esfuerzos gubernamentales en gasto en investigación y desarrollo. Sin embargo, lo más relevante del gráfico es el tremendo impacto que tienen los esfuerzos del sector privado en materia de innovación. Un dato relevante es que del 3,5% del PIB (uno de los más altos del mundo) que Finlandia invierte anualmente en I+D, solamente 1/7 es del gobierno, y el resto proviene de los privados (en un alto porcentaje, de la misma Nokia). En Chile se invierte del orden del 0,6-0,7% del PIB del cual la mayoría es financiado por el gobierno (ver este Informe).

Finlandia es un país líder en investigación y desarrollo, pero además es un claro ejemplo de cómo una política pública clara y bien definida puede ser decisiva en términos de la competitividad de un país. No se trata de copiar lo que hacen los finlandeses, puesto que evidentemente existen una serie de diferencias culturales e idiosincráticas que atentan a priori contra una idea de este tipo, pero sí se trata de estudiar y entender los casos exitosos, aprender de ellos y extraer aquello que efectivamente nos puede beneficiar.

 

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Innovación: Dónde Estamos y qué se Puede Hacer

Enviado por rlbravo el julio 18, 2007 a las 0:35
1184732889_id.jpg José Miguel Benavente desarrolló para el Banco Central de Chile el siguiente estudio donde explora la realidad chilena en ámbitos de innovación y desarrollo. El estudio, centrado en aspectos económicos, nos muestra las principales variables del sistema innovativo y cómo se manifiestan en la realidad nacional.
Este trabajo es el resultado de un esfuerzo orientado a caracterizar la situación de Chile en los aspectos científico-tecnológicos desde un prisma económico. Del análisis realizado se desprende que, considerando el nivel de desarrollo que presenta nuestro país, se observan graves deficiencias en materias relacionadas con nuestro Sistema Innovador Nacional. En particular, Chile tiene un muy bajo nivel de gasto en I+D como porcentaje del PIB, pocos científicos y profesionales dedicados a tareas de investigación, así como una baja participación del sector privado tanto en la realización como en el financiamiento de las mismas. Este último aspecto es de particular interés, toda vez que la evidencia internacional muestra que países que han logrado importantes avances en sus niveles de desarrollo están aparejados con una activa participación del sector privado en las actividades científico-tecnológicas. En este trabajo se discuten algunos mecanismos económicos que fomentan dicha participación. En el texto se discute el rol fundamental que cumple el Estado en la promoción activa de la ciencia y la tecnología, tanto en organismos educacionales como en el sector privado. No obstante lo anterior, un análisis de la institucionalidad pública nacional de apoyo a la innovación tecnológica muestra que, si bien en forma aislada, los diferentes programas y fondos estarían solucionando las fallas de mercado que justificarían su existencia, aunque no hay evidencia que lo hagan en forma eficiente. Se propone que la causa de lo anterior es fundamentalmente la falta de una política científico-tecnológica a nivel nacional que coordine actividades, objetivos y mercados hacia los cuales están orientadas estas instituciones. Más que fallas de mercado, en consecuencia, se visualiza una falla de sistema, la que puede solucionarse mediante la creación de una unidad rectora que entregue directrices, prioridades, reglas y evaluaciones periódicas, de modo de hacer más eficiente la inversión pública en este tipo de actividades.

¿Dónde queremos estar?

Enviado por Andrés Liberman el julio 13, 2007 a las 12:05
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Uno de los efectos más importantes de la revolución de la Internet ha sido la brutal diferencia que se produce entre quienes tienen acceso a este nuevo mundo y quienes se quedan fuera. Si en la era industrial las diferencias sociales estuvieron dadas por diferencias en la productividad, en el futuro (y cada vez más, en el presente) la diferencia estará cada vez más marcada por la diferencia en el acceso a la información y a la comunidad. El que está ?adentro? tiene acceso a un mundo sin límites en términos de información: el conocimiento es público. Además, su horizonte no limita con lo que ya existe: la red le permite compartir sus propios conocimientos con los de una comunidad internacional, crear, innovar, desarrollar negocios antes no conocidos y, en último término, desarrollarse y a la sociedad en la que vive. El que queda ?afuera? está relegado al margen: no tiene información, no se inserta en una comunidad, no puede crear ni innovar. No es un aporte, y peor aún, no es ni siquiera un espectador porque no tiene la capacidad de observar.

¿Qué se requiere para estar ?adentro?? ¿Solucionamos el problema regalando computadores y banda ancha para todos? Es evidente que tener un computador y una conexión son condiciones necesarias para estar ?adentro? y sin embargo, son claramente insuficientes. Vista así, la red es solamente una tecnología facilitadora. El paso faltante para estar ?adentro? y capturar el potencial de creación es comprender, interactuar, aprender, enseñar y comunicar. En resumen, lo que falta es una educación para este nuevo mundo. Es por esto que innovar en los procesos educativos es más que una manoseada frase, muy sexy y muy de moda. Es, en efecto, la llave para ?entrar? a este nuevo mundo que explota ante nuestros ojos por todos lados.

La sensación imperante es que se nos está pasando el tren. Que se repite la historia de los últimos 100 años, y que, en vez de acortarse, las brechas sociales se acrecientan. Que quienes deben tomar las decisiones no entienden que nos estamos quedando afuera, o si lo entienden, no son lo suficientemente audaces como para promover los cambios que se requieren. Que quienes están en una posición de poder prefieren, como la lógica racional lo indica, el status quo. Que la inercia domina la discusión sobre el futuro de la educación: así lo demuestra por ejemplo la dirección del debate en torno a las reformas educacionales. Lo que necesitamos es romper el paradigma imperante: necesitamos orientación y liderazgo claro en torno a qué clase de país queremos ser: o decidimos y nos educamos para estar adentro, o ineludiblemente, nos vamos a quedar afuera.


 

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Leonardo Maldonado
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